La Gaceta de Negocios, especializada en información económica y financiera trae el siguiente editorial.
Los terroristas islamistas de Al Qaeda habían amenazado directamente a Londres, al menos desde la intervención en Afganistán contra el régimen talibán. Incluso, antes, Londres mantenía el nivel de riesgo del resto de las grandes capitales occidentales frente a la agresión de quienes basan su ideología en destruir la forma de vida occidental.Muy probablemente la ocasión buscada para el ataque ha sido la reunión del G-8, manifestando que en la acción contra Occidente los grupos terroristas islamistas —casi con seguridad los autores de la matanza en Londres— aprovechan la menor oportunidad para producir la mayor impresión en todo el mundo.Estos atentados prueban la imposibilidad de prevención absoluta frente a actos indiscriminados en la red pública de transporte. El nivel de seguridad de Londres era muy alto debido a la Cumbre y, además, se esperaba un ataque de magnitud extrema al menos desde el 11-S. No cabe hablar de imprevisión como si los actos criminales fuesen imputables a los gobiernos democráticos y no a los asesinos que los perpetran.La reacción londinense, ciudad símbolo frente a las bombas del totalitarismo nazi, ha estado a la altura de su tradición. La opción de dejar que fuesen las autoridades administrativas, policiales y sanitarias las que informasen a los ciudadanos, tras la reacción inicial del primer ministro, ha sido adecuada. También el modo de proporcionar la información, para no provocar el pánico, y la prudencia sobre las posibles autorías.Los países de la Cumbre del G-8 han respaldado al Gobierno y al pueblo británico. Una vez más, reafirmamos nuestra convicción de que para hacer frente al terrorismo es necesaria una respuesta internacional sin fisuras, alejada de toda demagogia y sin concesiones al entramado político que las protege y encubre.


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