domingo, septiembre 10, 2006

11-9-2001: Bajo el signo del terror

El ataque contra las Torres Gemelas marcó a fuego el carácter del nuevo siglo. Cinco años después, al cabo de dos guerras y más atentados sangrientos, el mundo es aún un lugar inseguro.

A cinco años de los atentados terroristas contra Estados Unidos - Nueva York, Washigton-, son muchos artículos que se publican. Recomiendo este que trae el diario La Nación de Buenos Aires:

La realidad que reflejaban los diarios en la mañana del 11 de septiembre de 2001 no presagiaba ningún cambio significativo sobre los temas y conflictos dominantes de las semanas anteriores.

El primer ministro australiano, John Howard, se iba de Washington sin haber logrado firmar un acuerdo comercial bilateral; la OEA iniciaba en Lima una reunión de dos días para adoptar la Carta Democrática Interamericana; en Israel, un ataque palestino en las cercanías del kibutz Magal dejaba dos civiles muertos y uno herido; en Noruega, los laboristas hacían la peor elección en casi un siglo; en Japón, comenzaba el juicio al soldado norteamericano acusado de violar a una mujer en un estacionamiento, en Okinawa.

Nueva York amaneció soleado, con una temperatura de 23 grados centígrados.

A las 7.59 de la mañana, el vuelo número 11 de American Airlines despegaba del Aeropuerto Logan de Boston con destino al Aeropuerto Internacional de Los Angeles, llevando 92 personas a bordo.

Cuarenta y nueve minutos más tarde, todo lo anterior resultaría irrelevante.

La magnitud de lo sucedido no escapaba a nadie. Dos decenas de fanáticos suicidas, armados de cortantes, habían lanzado exitosamente el primer ataque al territorio continental de los Estados Unidos desde 1814; habían ocasionado el derrumbe de las Torres Gemelas del World Trade Center, habían atacado el Pentágono y forzado al Presidente de la primera potencia del mundo a dar vueltas en el aire durante casi dos horas. Dos mil novecientas setenta y tres personas perdieron la vida esa mañana.

"En este trágico momento, cuando las palabras resultan tan inadecuadas para expresar la conmoción que siente la gente, lo primero que nos viene a la mente es esto: ´¡Todos somos norteamericanos! ¡Todos somos neoyorkinos! ", editorializó, en París, el vespertino de centroizquierda Le Monde .

Cinco años después, no son muchos los que se atreverían a suscribir la proclama de Le Monde . La combinación de arrogancia, falsedades e incompetencia que la administración Bush demostró en la invasión y ocupación de Irak, sumados al desprecio por los derechos humanos que se puso en evidencia en las cárceles de Abu Ghraib y Guantánamo y en la masacre de Haditha, alienaron hasta a sus socios naturales.

Resulta difícil evocar algún período, desde la Segunda Guerra Mundial, donde la imagen de los Estados Unidos haya sido tan universalmente deplorada. De América Latina al Medio Oriente, de Europa a China, es difícil identificar una región donde las iniciativas de Washington hayan parecido laudables.

Existía una coincidencia casi universal en que el mundo sería diferente a partir de aquel momento. Un sondeo realizado poco después de los atentados por el Pew Research Center exponía una infrecuente concordancia. En Europa occidental, el 76 por ciento de los encuestados afirmó que lo sucedido ese día representaba un giro decisivo en la historia; en Rusia y Asia, el 73 y 69 por ciento estaba de acuerdo con esa idea; en Medio Oriente y América latina, el 90 por ciento de los encuestados creían también que el mundo ya no sería el mismo.

Los dos nuevos conceptos que se incorporaron al lenguaje estratégico de la administración Bush fueron "guerra preventiva" y "guerra contra el terrorismo".

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