En Líbano se está desarrollando un pulso de implicaciones gravísimas tanto para el país de los cedros como para el conjunto de la región. Por tercer día consecutivo, y coincidiendo con la llegada a Beirut de un mediador de la Liga Árabe, decenas de miles de simpatizantes de Hezbolá se han manifestado en la capital pidiendo la dimisión del Gobierno democrático y prooccidental de Fuad Siniora. El objetivo declarado de los integristas chiíes, apoyados por Teherán y Damasco, es derribar a un Gabinete compuesto en su mayoría por políticos antisirios de partidos suníes, cristianos y drusos, llegado al poder tras la revuelta popular que siguió al asesinato el año pasado del ex primer ministro Rafik Hariri y la subsiguiente retirada siria de Líbano tras décadas de dominación.
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