El régimen islámico de Mahmoud Ahmadinejad mantuvo ayer su intransigencia a pocas horas de vencer hoy el plazo otorgado por el Consejo de Seguridad de la ONU a Irán para que interrumpa sus actividades de enriquecimiento de uranio, mineral base de la bomba atómica, lo que abre el camino a nuevas sanciones de la comunidad internacional. El máximo organismo de la ONU impuso en diciembre un embargo limitado a Irán y le dio un plazo de 60 días para que suspendiera sus polémicas actividades nucleares.
La negativa de Teherán, que podría llevar a una escalada del conflicto entre Irán y los países occidentales, quedó nuevamente reflejada ayer en las declaraciones de Ahmadinejad, quien señaló que sólo detendrá su plan nuclear si Occidente toma una actitud similar. La propuesta, imposible de conciliar con los plazos perentorios que había otorgado la ONU a Teherán, fue calificada de poco seria por la Casa Blanca. La afirmación de Ahmadinejad se produjo justo cuando Estados Unidos refuerza su presencia militar en la región (ver aparte) y luego de que Washington e Israel se vieran forzados a desmentir en reiteradas oportunidades que planean atacar a Irán en forma inminente. "La justicia exige que aquellos que quieren conversar con nosotros cierren también su programa del ciclo de combustible nuclear. Entonces, podemos tener un diálogo en un ambiente justo", dijo Ahmadinejad en un acto en la ciudad norteña de Rashat, ante millares de personas. "¿Por qué sus enormes fábricas de producción de combustible pueden funcionar las 24 horas, mientras que nuestras instalaciones tecnológicas recientemente fundadas deben estar cerradas?", se preguntó el líder iraní, dirigiéndose a los países occidentales, mientras los asistentes al acto coreaban "la energía nuclear es nuestro derecho".
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