Después de la quiebra de Lehman, la apresurada venta-salvamento de Merrill y los esfuerzos a la desesperada para rescatar a la aseguradora AIG, que fructificaron anoche con la nacionalización de la sociedad, la economía mundial se enfrenta al vértigo que produce una crisis cuya duración e intensidad se desconocen por completo. Los signos esperanzadores que comienzan a aparecer en Estados Unidos, como los indicios de que la caída del mercado inmobiliario puede estar tocando fondo, son insuficientes para anular el pánico que produce la convicción arraigada en los inversores de que más bancos pueden sufrir una suerte parecida a la de Lehman y de que las aseguradoras, incapaces de hacer frente a los riesgos contratados de la banca, serán la siguiente ciudadela económica en caer.
La consecuencia más clara de esta crisis es que la banca de inversión ya no volverá a ser la misma. El ejemplo de Lehman y las angustias de Merrill Lynch, por citar solamente los casos más recientes, enseñan que los bancos de inversión necesitan una regulación más estricta, una supervisión más atenta y nuevas reglas de operación en el mercado que acoten la ilimitada capacidad de toma de riesgos en los mercados más variopintos que hasta ahora disfrutaban las instituciones financieras. La supervivencia de mercados financieros sanos y sofisticados dependerá en gran parte de que los bancos, las autoridades monetarias y los organismos reguladores como la SEC sean capaces de pactar esas nuevas reglas de juego. La época de la alegre desregulación y de la supervisión a distancia del riesgo bancario debería haber terminado.
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La consecuencia más clara de esta crisis es que la banca de inversión ya no volverá a ser la misma. El ejemplo de Lehman y las angustias de Merrill Lynch, por citar solamente los casos más recientes, enseñan que los bancos de inversión necesitan una regulación más estricta, una supervisión más atenta y nuevas reglas de operación en el mercado que acoten la ilimitada capacidad de toma de riesgos en los mercados más variopintos que hasta ahora disfrutaban las instituciones financieras. La supervivencia de mercados financieros sanos y sofisticados dependerá en gran parte de que los bancos, las autoridades monetarias y los organismos reguladores como la SEC sean capaces de pactar esas nuevas reglas de juego. La época de la alegre desregulación y de la supervisión a distancia del riesgo bancario debería haber terminado.
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