martes, septiembre 16, 2008

Algo mucho peor que un "lunes negro"

Terremoto en Wall Street: el 15 de septiembre de 2008 pasará a la historia como otro huracán en el centro neoyorquino de las finanzas internacionales. Un "lunes negro" y una de las jornadas más dramáticas en la historia de Wall Street.

Más de un año después del estallido de la crisis crediticia, el panorama financiero estadounidense atraviesa su mayor transformación desde la Gran Depresión. Y, al igual que hace 80 años con la mayor crisis de la historia económica moderna, la onda expansiva alcanza a la economía global.

"Increíble, inimaginable, inconcebible", opinan los operadores veteranos de Nueva York ante la sucesión de los acontecimientos conocidos en un solo día: el banco de inversión Lehman Brothers se declara insolvente después de 158 años de actividad, su rival Merrill Lynch es vendido al Bank of America y el gigante asegurador American International Group (AIG) tambalea.

"Dios mío. Estoy en el sector hace 35 años y esto es lo más extremo que jamás he vivido", confiesa Peter Peterson, cofundador de la financiera Blackstone, al diario The New York Times. Incluso los analistas y periodistas usualmente generosos en respuestas rápidas sólo tienen preguntas para ofrecer: "¿Qué sigue ahora? ¿Quién será el próximo en caer? ¿Dónde acaba el derrumbe?"

Las primeras nubes oscuras que anunciaban el fin del boom inmobiliario en Estados Unidos aparecieron a fines de 2006. La crisis crediticia ya forzó más de medio billón de dólares en amortizaciones bancarias. Pero este fin de semana se formó un nuevo huracán sobre Wall Street.

El secretario del Tesoro estadounidense, Henry Paulson, y representantes de la Reserva Federal agotaban las gestiones ante ejecutivos bancarios para rescatar Lehman Brothers. Pero la industria negó finalmente al banco de inversión fundado a mediados del siglo XIX por inmigrantes judíos alemanes la solidaridad que hace diez años salvó al fondo de cobertura mixta ( hedge fund ) Long Term Capital.

Esta vez, todos tienen que lidiar con graves problemas, y la negativa de garantías estatales forzó el fracaso del rescate.

Hace seis meses, miles de millones de dólares del Tesoro salieron en respaldo de Bear Stearns, vendido al J. P. Morgan Chase, igual que hace una semana en el caso de los gigantes hipotecarios Fannie Mae y Freddie Mac.

A pesar de los temores a que el incendio se extienda, los expertos saludaron la inflexibilidad del gobierno estadounidense, que según el economista del Commerzbank Bernd Weidensteiner "en algún momento tenía que dejar caer a un gran banco". De lo contrario, "vendrán más bancos en problemas pidiendo ayuda".

Esto podría suceder pronto. Al igual que Lehman Brothers y Merrill Lynch, muchas entidades financieras están hundidas en el pantano de la crisis inmobiliaria estadounidense. Hasta que el mercado finalmente se derrumbó, sus operadores especularon con papeles hipotecarios de dudoso respaldo que siguen representando un riesgo aún incalculable.

Ahora, la presión sobre los mercados bursátiles, que ayer vivieron una caída generalizada, amenaza con profundizar la escalada negativa y arrastrar a otras instituciones.

Mucho dependerá de los dos grandes bancos de inversión estadounidenses que sobreviven a la crisis: Goldman Sachs y Morgan Stanley. Hasta el momento, han logrado administrar las turbulencias con relativo éxito, y esta semana presentarán sus resultados trimestrales.

Mientras tanto, crecen los llamados a favor de una regulación más estricta para los bancos de inversión que operan en Wall Street, un desafío que ocupará con toda probabilidad al próximo gobierno en Washington.

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