viernes, abril 08, 2005

Funeral sobrio y con marco de suguridad tuvo Juan Pablo II

Con una ceremonia de tres horas, milimétricamente diseñada y centrada en la resurrección y a la que han asistido decenas de miles de fieles y centenares de mandatarios de más de 200 países, se ha dado en la plaza de San Pedro del Vaticano, frente a la Basílica, el último adiós al Papa Juan Pablo II. El funeral por el Papa ha estado presidido por el responsable de la Doctrina de la Iglesia y decano del Colegio Cardenalicio, el cardenal alemán Joseph Ratzinger, y concelebrado por más de 160 purpurados, situados en torno al altar instalado frente a la entrada a la Basílica, delante del cual se ha colocado el féretro de ciprés donde reposa Karol Wojtyla, cuya vida y Pontificado han sido elogiados por Ratzinger en su homilía. Presidida por un tapiz de Cristo resucitado colgado a la entrada de la Basílica, la ceremonia ha comenzado con el traslado del féretro del Papa desde el interior de la Basílica hasta el altar situado al frente de la plaza de San Pedro, portado por 12 sediarios, los antiguos portadores de la Silla Gestatoria, mientras sonaba el Requiem eternam dona ei, Domine: et lux perpetua luceat ei (’Señor dale el eterno reposo y que la luz perpetua resplandezca en el’). Uno de los cardenales ha situado el evangelio sobre el ataúd, al tiempo que llegaba la comitiva de los 164 cardenales oficiantes, todos vestidos de rojo, el color del luto papal, que han besado uno a uno el altar instalado para el funeral. Los últimos han sido Sodano y Ratzinger, que ha presidido la misa en calidad de Decano del Colegio Cardenalicio. Tras las primeras lecturas y actos litúrgicos, Ratzinger ha comenzado la homilía, en italiano, en la que ha expresado que los sentimientos que embargan en estos momentos son de tristeza total, pero también de alegre esperanza y de profunda gratitud.
También ha glosado la vida de Juan Pablo II, diciendo que ha "podido portar una carga más allá de las fuerzas humanas: ser pastor del rebaño de Cristo, de su Iglesia Universal".
El elogio a su vida ha concluido con un recuerdo a sus últimos padecimientos: "No olvidaremos como, en el último domingo de Pascua, el Papa marcado por el sufrimiento apareció en la ventana del Palacio Apostólico y dio una última bendición urbi et orbi. Podemos estar seguros de que nuestro Papa bien amado está en la ventana de la casa del Padre. Nos ve y nos bendice". Así ha concluído la homilía Ratzinger, que ha sido recibida con aplausos y gritos en demanda de la inmediata beatificación de Juan Pablo II. Tras la misa, los 12 sediarios han vuelto a portar, lentamente, el féretro del Papa hacia el interior de la Basílica, a las grutas vaticanas donde será inhumado en una sencilla ceremonia a la que asistirán sólo unos pocos cardenales, mientras las decenas de miles de asistentes al funeral despedían al Santo Padre con un prolongado aplauso. Además de las autoridades vaticanas, con el Colegio Cardenalicio al completo como concelebrantes de la solemne misa, decenas de jefes de Estado y de Gobierno de más de 200 países de todo el mundo han asistido, colocados a la izquierda del altar, a las exequias del Papa.
Entre ellos, en primera fila, como marca el protocolo vaticano para las casas reales, se encontraban los Reyes de España, en cuyo séquito figuraban también el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, el líder de la oposición, Mariano Rajoy, y el ministro de Exteriores, Miguel Ángel Moratinos. George W. Bush y su padre, el ex presidente Clinton, el presidente francés, Jacques Chirac, destacaban entre los mandatarios, sentados justo detrás de las casas reales.

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