Las elecciones generales de junio bifurcan el camino hacia la salvación de la economía griega. En vista de la deriva ideológica y de la tozudez de sus políticos, es a los ciudadanos a quienes les corresponde decidir qué quieren que pase con Grecia. No sólo se trata de quién quieren que gobierne, sino cómo será el país en los próximos años y qué pobreza tendrán que soportar, porque para eso en su pobreza mandan ellos.
Y porque los nuevos comicios no serán sino un referéndum sobre la permanencia en el euro. Los ciudadanos del país tendrán que votar, en el fondo, 'sí' o 'no' a la divisa común, con todo lo que ello conlleva. Se jugarán la moneda a cara cruz. Por un lado, los griegos están más que hartos de la austeridad leonina a la que les tienen sometidos el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Central Europeo y la Comisión Europea a cambio de prestarles los 130.000 millones del segundo rescate. Por otro, el 80% de los helenos desea permanecer en el euro.
Y en la fina línea que traza esa dicotomía social es donde están haciendo funambulismo los principales partidos políticos. Nueva Democracia, pírrico vencedor en las últimas elecciones, es partidario de la senda europeísta, pero su líder, Antonis Samarás, zigzaguea del compromiso comunitario a la crítica en busca del aplauso popular, según le convenga. En ese 'polo' que aboga por no salirse de los márgenes del memorándum europeo se encuentra el Pasok, un partido que se desinfla como un globo sin anudar y que puede pasar de la mayoría absoluta al ostracismo en sólo unos meses. La clave de las elecciones es el voto a Syriza, el partido de izquierda radical. Si en los comicios recientes ya fue la segunda formación más votada, las encuestas lo dan como favorito absoluto para la cita de junio.
De hecho, el líder de esta coalición, Alexis Tsipras, ha sido quien ha provocado que no se conforme un Gobierno de coalición, al no querer sumarse a los pactos. Tsipras es partidario de modificar el memorándum de entendimiento que obliga a Grecia a aplicar drásticos recortes. Algo, esto último, a lo que no está dispuesto el FMI. Así que la victoria de Syriza podría significar, si consigue formar un Ejecutivo afín, que Grecia abandone el euro. Es el camino natural si los griegos eligen ese lado de la bifurcación. El voto de quienes simpatizan con Syriza pero no desea salir del euro es la clave. En todo caso, Atenas sólo tiene dinero para cumplir con sus compromisos de repago hasta primeros de junio. Así que sea como sea, Grecia tiene pie y medio fuera de la moneda única. Aunque en las elecciones saliera cara, Grecia lleva ya la cruz a cuestas.
Fuente. DIARIO EXPANSION DE ESPAÑA

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