viernes, abril 11, 2008

La antorcha olímpica le da a Cristina la posibilidad de demostrar si es coherente con los derechos humanos

La llegada de la antorcha olímpica a Buenos Aires le ofrece a Cristina Fernández una excelente oportunidad para dar a conocer de una buena vez qué postura diplomática tomará su Gobierno respecto a los Juegos Olímpicos de Beijing, los más politizados desde Los Angeles 1984.

Beijing 2008 presenta un dilema para Cristina Fernández. Desde que es presidenta, la lideresa ha demostrado una clara disposición por llevar la política de derechos humanos kirchnerista del plano nacional al internacional. Lo hizo en la Cumbre de Río al "explicarle" al colombiano Álvaro Uribe que los derechos individuales están por encima del derecho de soberanía y tiempo antes lo había demostrado con mayor contundencia aún al "retar" en Buenos Aires a Teodoro Obiang, el presidente de Guinea Ecuatorial.

Fue con Obiang que Fernández se jugó a mostrarse al mundo, y no sólo al público de cabotaje, como abanderada de los derechos humanos. Queda por verse hasta donde quiere sostener esa imagen. Una cosa es retar al presidente de Guinea Ecuatorial y otra muy distinta es criticar a una super-potencia.





El “dilema chino” no lo enfrenta sólo Cristina Fernández. Lo enfrentan también mandatarios mucho más importantes a escala internacional. Esta semana, por ejemplo, George Bush, nunca conocido como paladín de los derechos humanos, anunció que asistirá a la apertura en Beijing. Será el primer presidente estadounidense en participar de una apertura olímpica fuera de Estados Unidos. Al texano le tiene sin cuidado lo que hagan los chinos con los independentistas tibetanos, con los uiguhres de Xinjian o con los opositores y críticos del gobierno. Lo de Bush es todo un gesto de respaldo para China.

Siga leyendo el artículo del diario Perfíl de Buenos Aires

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