domingo, abril 13, 2008

Italia vota a ritmo lento

"¿Qué tengo que poner, hijo, una cruz o el nombre?". La señora Virginia, nonagenaria, vecina del barrio romano de Trieste, residente en el mismo edificio del candidato del centro izquierda Walter Veltroni, ha votado esta mañana en el colegio XX de Septiembre, Vía Novara, rodeada de cámaras y fotógrafos y después de hacer 15 minutos de cola. El vilipendiado sistema electoral italiano estrenado hace dos años no permite expresar, como antes, preferencias por un candidato, sino por el símbolo del partido, y la votación se hace especialmente lenta en algunas ciudades. En Roma y otros 422 ayuntamientos, las mesas tienen cinco urnas distintas, porque coinciden las elecciones legislativas (Cámara y Senado), las provinciales, las municipales y las de distrito. Además, Sicilia y Friuli eligen gobierno regional.

A las doce del mediodía, había votado el 16,35% del censo, según ha informado el Ministerio del Interior, frente al 17,63% registrado en las elecciones de 2006, cuando la participación final fue del 83,5%. Según los sociólogos, un 25% de los votantes no decidirá su apuesta hasta el último minuto. Todas las previsiones indican que el Senado, que tiene las mismas competencias que la Cámara, será crucial para decidir el vencedor y la gobernabilidad con sus premios de mayorías regionales. Lazio, Cerdeña, Calabria y Liguria son las regiones a priori más abiertas y pueden ser la clave.

Estamos en el llamado Election Day (aunque en realidad son dos días, porque las urnas abren también mañana desde las 7.00 hasta las 15.00 (5.00 y 13.00 GMT)). 47 millones de italianos están llamados a elegir nuevo Gobierno, y la señora Virginia ya se ha decidido: enseña su documento de identidad, recoge las cinco papeletas reglamentarias, se mete en la cabina negra, pone las cruces correspondientes y cumple con su múltiple derecho al voto: la papeleta rosa para la caja de cartón de los diputados, la amarilla para los senadores, la verde para la provincia, la azul para el ayuntamiento y la gris para la junta municipal.

Cuando sale, la señora Virginia se encuentra con su vecino Walter Veltroni, que lleva ya un rato en la cola junto a su familia: su mujer, Flavia, y sus hijas Martina y Vittoria. Martina cuenta que ha votado hace un rato, Vittoria no puede porque le faltan unos días para cumplir 18 años. "¡Ahh, Walterino, te deseo lo mejor, hijo!", exclama la señora Virginia. Veltroni la acompaña fuera, y bromea un poco con su marido: "Aquí está su mujer, dice quiere que la lleves esta noche a la discoteca".

Durante la espera, otra señora se acerca a Veltroni, para quejarse. La mesa es claramente machista, dice: "Llevo aquí 45 minutos y solo ha votado una mujer y diez hombres. Es una vergüenza, ¿acaso nosotras no somos ciudadanas iguales?".

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