El gobierno del presidente Rafael Correa sufrió esta semana la más seria y peligrosa confrontación, esta vez con las Fuerzas Armadas. Y si bien los ecuatorianos están acostumbrados al polémico lenguaje del Mandatario, el frente, que abrió en esta ocasión, puso nervioso a Carondelet. La inquietud llegó incluso a la Asamblea Nacional Constituyente (ANC) que, con fecha 9 de abril, emitió un acuerdo para “respaldar la vigencia de la democracia y el Estado Social de Derecho e impulsar el respeto absoluto a todas las instituciones del Estado ecuatoriano.”
El mismo documento reconoció y saludó el honor de las Fuerzas Armadas y también exigió a todos los estamentos de la sociedad ecuatoriana, y de la organización militar, en especial, un apego total a sus obligaciones constitucionales “de subordinación absoluta al poder civil, legal y constitucionalmente establecido”.
Presidente justifica destituciones
La ANC llegó a pedir la unidad del pueblo ecuatoriano alrededor de la defensa de sus instituciones democráticas y la soberanía y a rechazar cualquier intento que busque afectar la estabilidad de la democracia.
¿Estuvo en riesgo la estabilidad democrática?
Correa evidenció el riesgo que tenía “meterse con los militares” cuando al denunciar la supuesta infiltración de la CIA (Agencia de Inteligencia Americana) en los cuerpos de inteligencia del país advirtió “ si tengo que caerme por eso, me caigo”.
La catedrática y analista de asuntos militares, Bertha García, enfatiza que “cuando se escucha una reacción de las FFAA, hay nerviosismo porque se cree que algo va a pasar”. Sucede porque la institución no está sometida al poder civil y se han convertido en dirimente de los conflictos políticos.
Esto porque, históricamente, las Fuerzas Armadas que están facultadas constitucionalmente como “garantes” del ordenamiento jurídico, según lo establece el inciso 2 del artículo 183 de la Constitución vigente, han jugado un papel decisivo en los conflictos internos que determinaron la cesación de los presidentes Jamil Mahuad, Abdalá Bucaram y Lucio Gutiérrez.
García coincide con otros analistas en señalar que el poder político de los uniformados ha sido cuestionado y analizado permanentemente, pero pese a todos los actos de constricción que han hecho, por análisis propio o por exigencia de la sociedad civil, los cambios no se han efectivizado.
La esperanza de que un gobierno socialista, de estilo izquierdista como el de Correa, minimizara el poder de los militares y su incursión en funciones totalmente alejadas de su competencia, se perdió de un plumazo cuando el Mandatario tejió lazos de cooperación de las FFAA con el gobierno.
Correa llegó a señalar que la “transformación definitiva del país”, en la que dijo estar empeñado, la hará de la mano con las Fuerzas Armadas Ecuatorianas, porque es “en esos valerosos soldados ecuatorianos” donde se puede encontrar los valores que busca este Gobierno.
Siga leyendo el artículo del diario La Hora de Quito
El mismo documento reconoció y saludó el honor de las Fuerzas Armadas y también exigió a todos los estamentos de la sociedad ecuatoriana, y de la organización militar, en especial, un apego total a sus obligaciones constitucionales “de subordinación absoluta al poder civil, legal y constitucionalmente establecido”.
Presidente justifica destituciones
La ANC llegó a pedir la unidad del pueblo ecuatoriano alrededor de la defensa de sus instituciones democráticas y la soberanía y a rechazar cualquier intento que busque afectar la estabilidad de la democracia.
¿Estuvo en riesgo la estabilidad democrática?
Correa evidenció el riesgo que tenía “meterse con los militares” cuando al denunciar la supuesta infiltración de la CIA (Agencia de Inteligencia Americana) en los cuerpos de inteligencia del país advirtió “ si tengo que caerme por eso, me caigo”.
La catedrática y analista de asuntos militares, Bertha García, enfatiza que “cuando se escucha una reacción de las FFAA, hay nerviosismo porque se cree que algo va a pasar”. Sucede porque la institución no está sometida al poder civil y se han convertido en dirimente de los conflictos políticos.
Esto porque, históricamente, las Fuerzas Armadas que están facultadas constitucionalmente como “garantes” del ordenamiento jurídico, según lo establece el inciso 2 del artículo 183 de la Constitución vigente, han jugado un papel decisivo en los conflictos internos que determinaron la cesación de los presidentes Jamil Mahuad, Abdalá Bucaram y Lucio Gutiérrez.
García coincide con otros analistas en señalar que el poder político de los uniformados ha sido cuestionado y analizado permanentemente, pero pese a todos los actos de constricción que han hecho, por análisis propio o por exigencia de la sociedad civil, los cambios no se han efectivizado.
La esperanza de que un gobierno socialista, de estilo izquierdista como el de Correa, minimizara el poder de los militares y su incursión en funciones totalmente alejadas de su competencia, se perdió de un plumazo cuando el Mandatario tejió lazos de cooperación de las FFAA con el gobierno.
Correa llegó a señalar que la “transformación definitiva del país”, en la que dijo estar empeñado, la hará de la mano con las Fuerzas Armadas Ecuatorianas, porque es “en esos valerosos soldados ecuatorianos” donde se puede encontrar los valores que busca este Gobierno.
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