
Este es el reportaje que publicó el pasado domingo el diario argentino El Clarín en su suplemento Zona, y que se ha convertido en el epicentro de las miradas y las preguntas al Presidente de Paraguay:
Divisada desde casi 1.000 metros de altura, a través de un tenue banco de brumas, parece una raya de tiza sobre una interminable pizarra verde. Pero cuando el motor de la avioneta de Clarín tose al aminorar la marcha y el aparato se inclina a los corcovos sobre un lado en descenso rasante, la pista de aterrizaje de la base Mariscal Estigarribia asoma entonces en toda su dimensión, como lo que en esencia es: un enorme portaavio nes en el medio del desierto.Construida a mediados de los años 80 por técnicos de EE.UU. convocados por la dictadura de Alfredo Stroessner, la cinta de asfalto gris tiene 3.800 metros de longitud y ochenta de ancho —el doble que la del Aeroparque porteño— y está aún en perfecto estado. Los expertos aseguran que es tan sólida y amplia que puede recibir aviones de gran envergadura como bombarderos y de transporte de tropas y pertrechos militares de gran peso (B-52, C-130 Hércules, C-5 Galaxy y KC 135, entre otros). Pero es absolutamente sobredimensionada para las necesidades de la Fuerza Aérea paraguaya, que opera con apenas 8 aviones Xavante y Pillán de porte mediano, y ocho avionetas Cessna de entrenamiento. La base cuenta con un enorme radar —hoy inactivo— para control de tráfico aéreo, sistemas de aterrizaje nocturno, bocas de reaprovisionamiento de combustible y amplios hangares.


No hay comentarios.:
Publicar un comentario