sábado, noviembre 05, 2005

CHILE Y PERÚ: EL VALOR DE LOS TRATADOS -ANALISIS-

La arquitectura mundial está ordenada por el claro e inequívoco reconocimiento que las relaciones entre los Estados esta regulada por el Derecho Internacional. De esta manera se busca evitar el caos mundial y la posibilidad de guerras, o permanentes reclamos. Los estados adoptaron desde el Siglo XIX la Convención de Viena, como el gran marco jurídico que regulara las relaciones entre los Estados. Fijó el reconocimiento a los Tratados y la fuerza que estos tienen, de modo de impedir un mundo anárquico. Además se estableció que los Tratados son producto del libre consentimiento, y expresa voluntad soberana con la que las naciones llegan a los acuerdos. Por eso, una vez que un Tratado es aprobado, y ratificado obliga a las partes a su cumplimiento. El mundo entero ha reconocido el valor del respeto y apego a esta condición, sobre la que descansa la estabilidad internacional. Sin embargo, este no es el caso que ha provocado la aprobación de la Ley de Línea Base de dominio marítimo, impulsada por el gobierno del Presidente Toledo y sancionada por el Congreso peruano. Y aquí volvemos a apoyarnos en lo que establece la Convención de Viena, -nítidamente que ninguna de las partes que han suscrito un Tratado pueden invocar disposiciones de su derecho interno como justificación del incumplimiento de un tratado. Así las cosas, los Tratados siendo la base de las relaciones armoniosas entre los Estados, deben cumplirse. Porque son contratos. Los límites entre Chile y Perú, bien sean los terrestres y marítimos están amarrados como lo hemos analizado varias veces, a Tratados, donde ambos países concurrieron voluntaria y soberanamente a firmarlos. Para conservar la paz, promover la integración, definir límites, y que las sociedades vivan en tranquilidad, para eso sirven los Tratados Internacionales. En consecuencia, tanto el Tratado de paz y Amistad de 1929, con el acta complementaria refrendada el año de 1999, los acuerdos de 1952, 1954, las actas de 1968 y 1969, y los decretos supremos complementarios que firmaron los gobiernos de los dos países, dicen a las claras que entre Chile y Perú no hay un milímetro de terreno o agua en discusión. Las fronteras están perfectamente definidas y delimitadas. Siendo así, se deduce que la apuesta peruana es buscar implantar unas condiciones nuevas por la vía de los hechos creados, buscando que Chile algún día se siente a negociar nuevos límites. Eso es lo que buscan.

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