domingo, junio 04, 2006

Los 70 años de la "Teoría General" de J.M. Keynes


DISCUTIDO DESDE HACE 70 AÑOS, KEYNES GENERA AMORES Y TAMBIEN ODIOS.
Durante la Segunda Guerra Mundial le preguntaron a John Maynard Keynes qué opinaba del bloqueo estadounidense a la Argentina, que por entonces apoyaba a las potencias del Eje. Keynes, que en aquel momento era funcionario británico, dijo que creía que su gobierno no iba a acompañar la medida, porque los ingleses eran muy dependientes del bife argentino. ¿Qué diría hoy Keynes de la veda a las exportaciones de carne argentina? Difícil saberlo. Lo cierto es que, a 70 años de la aparición de su "Teoría General de la Inflación, el Interés y el Dinero", sus ideas aparecen más vivas que nunca, en el mundo y a nivel local. "Hay múltiples temas keynesianos que mantienen su relevancia para el análisis actual", dijo Daniel Heymann, economista jefe de la Cepal. Con la Teoría General, publicada en 1936, Keynes cambió la forma de ver la economía y de hacer política económica para siempre. "Antes, la macroeconomía tal como la conocemos hoy, no existía; y tampoco los gobiernos implementaban grandes políticas económicas con el objetivo de fijar la tasa de inflación, el nivel de empleo y la tasa de crecimiento del producto", aseguró Robert Skidelsky, profesor de Warwick y autor de la más completa biografía escrita hasta ahora sobre la vida del economista que muchos consideran como el más influyente de los últimos 200 años.Skidelsky pudo, después de una década de intentos reiterados, acceder a los archivos de la familia de Keynes, que desconfia ba de él porque pensaba que iba a publicar un trabajo con foco en la bisexualidad del economista, que tuvo como esposa a la bailarina rusa Lidia Lopokoba y como amante a Duncan Grant, compañero de la Universidad de Cambridge. A pesar de que sus ideas están asociadas en la actualidad a una visión de izquierda, Keynes fue un producto de lo más exclusivo de la sociedad inglesa. Perteneció a un conjunto de artistas y escritores, el Bloomsbury Group, del cual formaba parte, entre otros, su amiga Virginia Woolf.En la Argentina, la Teoría General tuvo una gran influencia. Skidelsky recordó que fue el argentino Raúl Prebisch el más fuerte defensor de las ideas de Keynes en América latina. En más de un discurso Nestor Kirchner se definió como keynesiano. "Es difícil calificar a la actual política, que mantiene un alto superavit fiscal con un elevado desempleo, como keynesiana", opinó el investigador de la UBA y del CENDA Axel Kisillof, quien está por publicar un libro sobre la Teoría General.A menudo, por el solo hecho de incrementar el gasto público, se habla de una política keynesiana. Esta es una simplificación que enoja a los académicos que estudian las ideas del creador de Bretton Woods. "Es como las caricaturas de Mahoma, una representación falsa a la que con frecuencia recurren los ortodoxos para atacarlo", siguió Kisillof. Si bien hablaba de la utilidad del gasto del gobierno para salir de las recesiones, Keynes era un fervoroso defensor de la disciplina fiscal, y en especial del manejo procíclico de la política económica: ahorrar en tiempos de auge para gastar en los de vacas flacas.Keynes rechazó, a sabiendas, la hipótesis de que las personas tienen expectativas racionales, una idea que se puso de moda en la literatura económica de los 80 y 90. "Esto es muy relevante para la Argentina, donde hemos tenidos abruptos giros en las percepciones sobre el futuro", explicó Heymann.Sobre el final de la Teoría General, Keynes comentó que le gustaría ver "economistas humildes como los dentistas". "Es una enseñanza muy importante para nuestra profesión, es bueno que ganemos humildad y que entendamos que el bienestar de la gente no depende de las cuestiones macroeconómicas, que éstas son de sentido común", dijo el ex presidente del BCRA Javier González Fraga.Keynes vaticinó que 100 años después de la Gran Depresión el problema económico estaría resuelto, y las crisis nerviosas de la gente adinerada que no sabe qué hacer con tanto bienestar reemplazarían a las crisis financieras. Faltan sólo 24 años.
Fuente: Supplemento Económico del diario El Clarín de Buenos Aires

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