Las elecciones de hoy en Estados Unidos son, como se temía desde un principio el Partido Republicano y como soñaba el Partido Demócrata, un referéndum sobre George W. Bush. En algunos Estados más que en otros, en algunos sectores del electorado más que en otros, pero finalmente, aunque su nombre no esté hoy en las papeletas, Bush será el principal ganador o perdedor de esta jornada. Después de un comienzo de campaña algo titubeante, en el que el presidente intentó mantenerse discretamente al margen para no perjudicar a sus compañeros de partido, Bush ha acabado convenciéndose de que su prestigio está en juego en las urnas y ha terminado echando toda la carne en el asador, con discursos constantes y desplazamientos a los lugares con los escaños más disputados. Gracias a ese esfuerzo, el presidente ha conseguido mejorar ligeramente las expectativas republicanas en los sondeos, recordando a sus rivales que todavía existe un cierto territorio Bush y una sólida base electoral conservadora que, aún discrepando de la política de la Administración, se resiste a traicionar al partido del elefante.
Bush muestra un gorro con forma de mazorca en un mitin en Nebraska. (REUTERS)
Pero con su intervención, el presidente también ha movilizado aún más en su contra a los votantes y al establishment demócrata. Un 31% de los electores ha confesado, según una encuesta del diario The Washington Post y la cadena ABC, que su principal pensamiento hoy será el de votar en contra de Bush, mientras que sólo el 17% lo hará para respaldarle. El diario The New York Times, que, como casi todos los periódicos norteamericanos, tiene la tradición de sugerir a los electores en sus editoriales los nombres de los candidatos recomendados, no incluirá mañana, por primera vez en su historia, a ningún candidato del Partido Republicano. El diario ha explicado este domingo que "estas elecciones son sobre Bush y sobre la insistencia de la mayoría en el Congreso en protegerle de las consecuencias de sus errores y fechorías" y que, por esa razón, hay que poner el Congreso en manos de la oposición.


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