Un nuevo informe publicado por Amnistía Internacional asegura que Irak se ha convertido ya en el cuarto país del mundo con el número más alto de ejecuciones por penas de muerte, por detrás de China, Irán y Pakistán. Con la ejecución de al menos 65 personas el año pasado, las autoridades iraquíes están aumentando rápidamente el uso de la pena de muerte, una pena impuesta en ocasiones tras "confesiones" televisadas, denuncias no investigadas de tortura y juicios injustos. Desde que se reinstauró la pena capital a mediados de 2004, más de 270 personas han sido condenadas a muerte, y al menos un centenar han sido ejecutadas. La retransmisión de 'confesiones' televisadas cesó a finales de 2005, pero muchos de los que aparecieron 'confesando' permanecen condenados a muerte o han sido ejecutados.
"El espectacular incremento de esta pena cruel, inhumana y degradante constituye un peligroso retroceso hacia los brutales errores del pasado, especialmente cuando tantas ejecuciones se han llevado a cabo tras juicios injustos, 'confesiones' televisadas y denuncias no investigadas de tortura", manifestó Malcolm Smart, director del Programa de Amnistía Internacional para Oriente Próximo y el Norte de África.


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