lunes, abril 16, 2007

La recta final de la campaña francesa arranca con el rechazo a las alianzas

El ultraderechista Jean-Marie Le Pen aprovechó el último domingo de campaña antes de la cita con las urnas para subir un grado más el tono de su curiosa relación de amor y odio con el candidato conservador Nicolas Sarkozy; le calificó de "racaille" (basura, escoria, chusma), el famoso epíteto utilizado por el ex ministro del Interior para referirse a los jóvenes delincuentes de los suburbios. La socialista Ségolène Royal, por su parte, se vio de nuevo obligada a rechazar los cantos de sirena que le llegan desde el ala más socialdemócrata de su partido para que pacte con el centrista François Bayrou.
"Usted no percibe la formidable cólera de los franceses, robados, arruinados y desesperados contra la racaille política de la que usted es uno de sus jefes, uno de sus emblemas", bramó Le Pen contra Sarkozy en el palacio de deportes de la Puerta de Versalles, en París, lleno hasta los topes, frente a un auditorio entregado. E insistiendo sobre uno de sus temas favoritos, el de la identidad y la emigración, recordó de nuevo a Sarkozy su condición de hijo de inmigrantes. Usted no tiene más que una nacionalidad señor Sarkozy; la nacionalidad sarkozista", le dijo. "El mundo no da vueltas en torno a su pequeña persona", añadió Le Pen, "mucho antes de que sus parientes llegaran de Hungría y de Grecia, [el padre de Sarkozy es húngaro y su abuelo materno viene de una familia judía de Salónica], siempre hubo en el seno del pueblo francés una corriente nacional más preocupada del futuro y del interés del país, que de sus dirigentes".

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