sábado, junio 23, 2007

Ganar la guerra de la propaganda, el nuevo objetivo del grupo Hamas

El pronóstico oficial dice que, si nada cambia, dentro de dos semanas aquí no habrá qué comer. Pero en la cocina del derrocado presidente Mahmoud Abbas (también conocido como Abu Mazen),la heladera está atiborrada de carne; su baño privado huele a jabón del bueno y, junto a la cama, espera la bata marrón del dueño que, difícilmente, regrese a esta tierra de la que sus hombres huyeron, muertos de miedo, entre gallos y medianoche. Todo está intacto. Es que, acallada, al menos por el momento, la batalla de las armas, empieza la de la propaganda para ganar la voluntad de la masa. Y en eso, los radicales islámicos de Hamas -que siguen el modelo de sus vecinos libaneses de Hezbollah- se perfilan como maestros de cuidado.

"Sí, es posible. Espere aquí un momento", dijo, fusil Kalashnikov en mano, un oficial de Al-Qassam -la milicia islámica que es fuerte aquí- antes de aceptar el pedido de LA NACION para recorrer la casa que fue de Abbas y de cuya supuesta destrucción había acusado -falsamente y ante los canales de televisión de todo el mundo- a estas huestes armadas. "Ya ve con la facilidad con que mienten. No sólo todo está exactamente igual a como él lo dejó, sino que, además, se lo estamos cuidando para evitar que la turba, enojada por todo lo que robó, venga y saquee", añadió el oficial, que, al igual que muchos otros palestinos, dejó su oficio, en este caso, de marmolero, para tomar las armas y sumarse "a la causa".

La llave

En una victoria cuya celeridad sorprendió a tirios y troyanos, los radicales islámicos de Hamas doblegaron por las armas a los moderados de Al-Fatah. Pero la llave de la victoria final es la masa. Y, para conquistarla, la munición gruesa que ahora cae sobre las filas de Mazen viene cargada de acusaciones de corrupción, mentira y robo. Y los palestinos, muertos de hambre y despojados de futuro, tienen ya poca paciencia para andar perdonando esas cosas. "La gente no tiene qué comer y ellos tienen grandes mansiones", dijo un estudiante que pasaba frente a la residencia de tres pisos y cuidado jardín que fue de Abbas.

Queda en el barrio de Arrimal, "que es sólo para ricos", añadió el estudiante. Otro apuntó: "Pero no es la única. Abu Mazen tiene al menos otras cuatro viviendas: una en Ramallah, otra en el Líbano, otra en Túnez y otra en Jordania. Los demás palestinos vivimos en campos de refugiados. No es justo". La cuestión de las casas -y, sobre todo, del origen de los fondos para mantenerlas- se ha convertido en toda una cuestión aquí. Por ejemplo, la casa de Abbas está intacta. "No nos gusta, pero es el presidente de todos. Hay que respetarlo", agregó el estudiante.
La rabia se centró, entonces, en su hombre fuerte, Mohammed Dahlan: su palacete en el cotizado barrio de Al-Remal fue reducido a polvo. Un jacuzzi voló por la ventana y hasta las palmeras del jardín fueron arrancadas de cuajo. No es buen momento éste para tener aquí sueldo de funcionario y estilo de vida sospechosamente rico.

Continue leyendo el artículo del diario La Nación de Buenos Aires con su enviado especial a Gaza

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

 
Libardo Buitrago / Blog © 2013 | Designed by RA