El máximo mandatario sí habló explícitamente de Castro, y repitió exactamente la frase que pronunció hace tres semanas en la Asamblea General de las Naciones Unidas, lo que provocó que la delegación cubana abandonase indignada la sala. "El largo régimen de un cruel dictador se acerca a su final", sentenció justo después de que entre el público se escuchase, en español, "¡Viva Bush!". "Con Cuba entrando en un período de transición, los países en todo el hemisferio y el mundo deben insistir en la libertad de expresión, de reunión, y deben insistir en que se libere a los prisioneros en Cuba. Y en último lugar debemos insistir en que haya elecciones libres y competitivas", agregó.
Bush reiteró en su discurso los beneficios de los TLC, y recordó que otros presidentes de ambos partidos, como Dwight Eisenhower, John Fitzgerald Kennedy, Ronald Reagan y Bill Clinton, "trabajaron para aprovechar oportunidades de comercio libre y justo".
El presidente citó cifras del incremento del comercio producto de los TLC con Chile (100%), Singapur (50%), Centroamérica y República Dominicana (13%) para contrarrestar "el sentimiento proteccionista que está empezando a ganar fuerza en Estados Unidos y en el Congreso". "Y al mismo tiempo la economía estadounidense siguió creciendo, la expansión laboral fue fuerte, los salarios están al alza y el mercado laboral para los licenciados es brillante. Cuando el comercio se expande los trabajadores estadounidenses ganan", aseguró, porque "la gente en todo el mundo quiere comprar productos que dicen 'Made in USA'".
El presidente se explayó en explicar uno por uno los tres TLC pendientes con Latinoamérica. El de Perú, que ya tiene avanzados los trámites en el Congreso, lo definió como "prometedor, porque Perú tiene una de las economías que más están creciendo en Latinoamérica". Respecto al de Colombia, Bush recordó que los 44 millones de colombianos representan un mercado potencial superior al de Florida, Georgia, Alabama, Mississippi y Carolina del Norte juntos, pero sobre todo que tendría unas implicaciones estratégicas "tan importantes como los beneficios económicos". "Si el Congreso rechazase a este aliado comprometido, dañaríamos la credibilidad de Estados Unidos en la región y haríamos que otros países fueran más reacios a cooperar en el futuro", afirmó.


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