sábado, octubre 20, 2007

Pretensión británica en la Antártica

El anuncio del Reino Unido de su intención de declarar una plataforma continental de más de 200 millas a la respectiva comisión de la Convención de la ONU sobre Derecho del Mar, en relación con su reclamación antártica, motivó una justificada reacción de opinión pública en Chile, pues afectaría a la Tierra de O'Higgins, nuestro territorio en ese continente, y dio lugar a una declaración de la Cancillería -necesaria, aunque incompleta en lo referente a la calidad de nuestros títulos históricos en el mismo.

En realidad, se trataba de un anuncio de las declaraciones que se propone hacer ese país de plataformas anchas en cinco lugares, incluyendo las Malvinas, las islas Georgia y la Antártica, las que deben efectuarse antes del 9 de mayo de 2009. Chile estudia y prepara algo semejante respecto de la Isla de Pascua, algunos otros puntos y la propia Antártica, pero no ha hecho anuncios.

La plataforma continental es una consecuencia de la soberanía terrestre, la proyección del territorio en el mar hasta 200 millas, o más allá, cuando la geomorfología lo justifique. Las plataformas a menudo contienen minerales e incluso petróleo, y permiten la existencia de la pesca.

Con toda probabilidad, los siete estados que reclaman soberanía en la Antártica declararán a la comisión plataformas anchas antes de 2009. Los países antárticos, en general, presumen que existe una plataforma continental antártica, y en ella se aplican, entre otras, las disposiciones del Protocolo sobre Protección Ambiental. Por consiguiente, en este caso hay de parte de Gran Bretaña no propiamente un acto de desafío a nuestros derechos, sino una declaración poco prudente e inconsulta. Ante ello, la Cancillería hizo formal reserva de nuestra soberanía, junto con anunciar que prepara, a su vez, una declaración de plataforma de más de 200 millas para la Tierra de O'Higgins o Península Antártica.

Este episodio pone de relieve la importancia de reafirmar nuestra soberanía en parte de ese continente, junto a nuestra administración de todo él, en virtud del tratado y del sistema antárticos. Nuestra presencia y labor allí, y la reafirmación de nuestros derechos cobran en este contexto singular importancia. Conviene, entre otros, reactivar bases históricas, acentuar nuestra acción diplomática y científica, proyectar nacionalmente al Instituto Antártico. Somos el país más cercano a la Antártica y tenemos con ella vínculos históricos, geográficos, jurídicos y soberanos.

La superación de este episodio -que debe ser situado en su dimensión y que está jurídica y diplomáticamente cautelado- no puede hacer olvidar la necesaria prioridad que deben tener la política, acción y presencia nacionales respecto del continente helado.

Fuente: Editorial del diario El Mercurio de Santiago de Chile

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