Rusia e Irán, enemigos acérrimos durante siglos, han forjado tras la caída del comunismo una "alianza de conveniencia" cimentada en los hidrocarburos, el armamento y, en especial, en su oposición a la política de Estados Unidos en el Golfo Pérsico. La visita del presidente Vladimir Putin, que se reunió ayer en Teherán con su par iraní, Mahmoud Ahmadinejad, representa el clímax de las relaciones entre ambos pueblos, a los que siempre ha separado una frontera natural, el mar Caspio. Josep Stalin había sido el último líder ruso en visitar Irán, cuando asistió en 1943 a la Conferencia de Teherán, que tuvo lugar durante la Segunda Guerra Mundial y en la que también participaron Franklin Delano Roosevelt y Winston Churchill.
Dos imperios, Rusia e Inglaterra, se disputaron el control de Persia (la actual Irán) durante los siglos XVIII y XIX, y durante la primera mitad del XX, cuando la contienda mundial frustró los planes soviéticos de implantar un régimen comunista en Teherán. El relevo lo asumió Estados Unidos, pero la caída del sha en 1979 y la llegada al poder del ayatollah Khomeini condujo al ocaso de la influencia de Washington, que a partir de ese momento apoyó a la vecina Irak. La caída de la URSS allanó el camino para la mejora de las relaciones, que experimentaron un impulso definitivo con la elección como presidente del reformista Mohammed Khatami en 1997. Durante la histórica visita del mandatario iraní a Moscú en 2001, Khatami y Putin firmaron un tratado de "vecindad estratégica" y cooperación militar estimada en miles de millones de dólares. Desde fines de la década del 90, Khatami y, más tarde, Ahmadinejad, apostaron por Rusia como el nuevo gendarme en Medio Oriente y Asia Central, en detrimento de Estados Unidos. De este modo, Rusia es ahora quien lleva la iniciativa en la partida que se disputa desde hace siglos en esa región por el control de sus recursos energéticos y sus estratégicas rutas de suministro y comunicación. A cambio, Moscú ha respaldado desde el principio el derecho de Teherán a desarrollar un programa nuclear civil, pese a las crecientes presiones de Occidentales.
Una vez más, Putin dejó en claro su postura la pasada semana en una reunión en Moscú con el presidente francés, Nicolas Sarkozy, quien junto a la canciller alemana, Angela Merkel, aboga por imponer nuevas sanciones contra el régimen iraní. En contra de las sanciones El presidente ruso sostiene que no hay pruebas que confirmen que Irán esté fabricando armas nucleares y ha bloqueado en el Consejo de Seguridad de la ONU cualquier iniciativa para aprobar una resolución que incluya el uso de la fuerza contra ese país. Además, Moscú ha reforzado en los últimos años el sistema defensivo iraní pese a la frontal oposición de Israel, que calificó la operación de "puñalada en la espalda". En 2005, Rusia anunció la venta a Irán de una treintena de sistemas de defensa antiaérea Tor M-1 por 700 millones de dólares. Irán tiene intención de utilizar estos sistemas para defender infraestructuras vitales. De esta forma, Teherán está ahora capacitado para hacer frente a una posible invasión o ataque aéreo israelí con cazas Stealth, helicópteros, misiles de crucero y bombarderos. Ingenieros rusos también construyen a orillas del Golfo Pérsico la primera central nuclear iraní, (Bushehr), de 1000 megavatios de potencia. Moscú ha propuesto a Teherán, además, que se sume al proyecto de creación de un centro internacional de enriquecimiento de uranio en Siberia.
Por su parte, Irán ha planteado a Rusia la creación de una "OPEP del gas", cartel que se encargaría de coordinar los precios y pondría en una difícil posición a Occidente. Los importadores temen que la nueva organización siga la misma senda que la OPEP tomó en 1973, año en que los productores de petróleo comenzaron a dictar los precios del crudo a nivel internacional. Putin intenta ahora acercar posturas con Irán para la firma de una convención sobre el estatuto jurídico del Mar Caspio y el reparto de sus recursos energéticos. Durante su encuentro de ayer en Teherán, en el marco de la cumbre de los países de la región (Rusia, Irán, Kazakhstán, Azerbaiján y Turkmenistán), Putin dijo que ningún proyecto energético se realizará en el Caspio sin el beneplácito de esos cinco países. En ese caso, Estados Unidos vería frustradas sus esperanzas de tender un gasoducto a través del Caspio con el fin de acceder al crudo y gas centroasiáticos, sin tener que pasar por territorio ruso.
Fuente: Artículo del diario La Nación de Buenos Aires


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