viernes, octubre 12, 2007

TURQUIA: Un amigo que podría convertirse en amenaza

Turquía integra el "club de los amigos especiales" de la Casa Blanca. Pocos son los miembros. Israel, Arabia Saudita y Paquistán, entre otros. Tienen un régimen singular de relaciones bilaterales, en el que se perdona mucho, se pregunta poco y se negocia todo lo que se puede. La membresía se entrega por motivos muy variados. En el caso de Turquía, porque su territorio vale su extensión en oro como enclave entre Medio Oriente y Europa, y en especial por su vecindad con Irak e Irán. Arabia Saudita, en cambio, la tiene por su petróleo y por su valor como contrapeso de Teherán. Y Paquistán, porque puede funcionar como base para la cacería de Osama ben Laden, Al-Qaeda y los talibanes en Afganistán. Dados esos intereses, la Casa Blanca soslaya "asuntos pendientes" dentro de ese club, como la relación de las autoridades paquistaníes con fundamentalistas islámicos y la opresión que viven los sauditas desde hace décadas. Con el mismo prisma, lo que les hizo el Imperio Otomano -del que los turcos se consideran herederos- a los armenios entre 1915 y 1923 es algo menor y del pasado, a los ojos de la administración de Bush. La diferencia es que para turcos y armenios aquello resulta muy actual. Y la intromisión del Congreso norteamericano, bajo el control de los demócratas, es una brasa que puede alterar el statu quo en la frontera entre Occidente y Oriente. La situación se complica aún más para la Casa Blanca, porque los turcos también tienen una cuenta pendiente con los kurdos, que integran el mosaico iraquí junto con sunnitas y chiitas, pero sueñan con su propio país, uno que les permita unir a la nación kurda, desmembrada y postergada, pero latente por todo Medio Oriente. Y, según Ankara, no sólo sueñan: más de 3000 rebeldes del Partido de los Trabajadores de Kurdistán (PKK) atacan desde hace años en su territorio y se refugian luego en el norte iraquí. Así, Estados Unidos debe mediar entre los kurdos -que les garantizan algo similar a la paz en una parte de Irak, pero quieren unirse con sus hermanos en Turquía- y los turcos, que quieren entrar en la UE pero son postergados desde hace años, y soportan las "provocaciones" kurdas, pero no ocultan sus ganas de entrar en Irak y cobrar algunas cuentas. En esta dinámica, irrumpieron los demócratas.
Impulsan una declaración que puede parecer inofensiva, pero que en la práctica puede complicar más los planes militares del Pentágono en Irak que cualquier proyecto de ley que pretenda torcerle el brazo a Bush y replegar sus 160.000 soldados. ¿Por qué? Porque si el gobierno de Ankara, hoy, por primera vez, en manos de un partido islámico, aunque moderado, se hastía, rompe lanzas con Washington e ingresa en Irak, podría armar un descalabro regional de consecuencias imprevisibles. Podría, al menos, complicarle todas las operaciones logísticas que Washington coordina desde su territorio. El 70% de las cargas aéreas, el 30% de los envíos de combustible y el 95% de los nuevos vehículos resistentes a las minas que Estados Unidos envía a sus fuerzas en Irak ingresan a través de Turquía.

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