Por Editorial Diario El Comercio
Entre las lecciones que dejó la Guerra Fría entre Occidente y Oriente, la principal fue que los acuerdos eran posibles y que la guerra directa podía evitarse; además, que las palabras reflejaban muchas veces más que posiciones de las partes, pretextos para eludir graves temas o encubrir escabrosas situaciones internas de los países.
Estas reflexiones son necesarias para evitar que las confrontaciones entre los presidentes de Ecuador y Colombia continúen subiendo de tono y afectando a las estrechamente vinculadas comunidades de ambas naciones ; además, dando lugar a especular sobre los problemas internos nacionales de cada país.
En el contexto colombiano no se puede eludir el grave efecto que ha causado la negativa demócrata de los EE.UU. para aprobar el TLC o las inevitables secuelas que producen en la sociedad las vinculaciones políticas de los paramilitares. Sin embargo, pareciera que el contenido de los 14 puntos del presidente Uribe trasciende a una simple ‘guerra del micrófono’ y podría tratarse de una estrategia mediática destinada a persuadir a la comunidad internacional sobre supuestas relaciones políticas entre el Gobierno ecuatoriano y las FARC .
En el lado ecuatoriano la situación es también desconcertante, pues luego de la adhesión internacional que ha recibido de la OEA y del Grupo de Río por la violación de la soberanía territorial se pensó que la etapa de la confrontación verbal había sido superada. Añádase la presentación de la demanda ante la Corte Internacional de La Haya por el caso de las aspersiones del glifosato en la frontera.
Continuar en esta suerte de ‘guerra fría’ sería dar crédito a la presunción de que Colombia anticipa los resultados unilaterales que deberá entregar la Interpol sobre el contenido de las computadoras que se incautó el Ejército colombiano cuando atacó en nuestro territorio a un grupo guerrillero. Por eso, el Gobierno debe prevenir a la comunidad latinoamericana de una ofensiva mediática, que afectaría a los resultados que se obtuvieron, tanto en las dos instancias de la Organización de los Estados Americanos, como el gran consenso producido en la reunión del Grupo de Río.
Entre las lecciones que dejó la Guerra Fría entre Occidente y Oriente, la principal fue que los acuerdos eran posibles y que la guerra directa podía evitarse; además, que las palabras reflejaban muchas veces más que posiciones de las partes, pretextos para eludir graves temas o encubrir escabrosas situaciones internas de los países.
Estas reflexiones son necesarias para evitar que las confrontaciones entre los presidentes de Ecuador y Colombia continúen subiendo de tono y afectando a las estrechamente vinculadas comunidades de ambas naciones ; además, dando lugar a especular sobre los problemas internos nacionales de cada país.
En el contexto colombiano no se puede eludir el grave efecto que ha causado la negativa demócrata de los EE.UU. para aprobar el TLC o las inevitables secuelas que producen en la sociedad las vinculaciones políticas de los paramilitares. Sin embargo, pareciera que el contenido de los 14 puntos del presidente Uribe trasciende a una simple ‘guerra del micrófono’ y podría tratarse de una estrategia mediática destinada a persuadir a la comunidad internacional sobre supuestas relaciones políticas entre el Gobierno ecuatoriano y las FARC .
En el lado ecuatoriano la situación es también desconcertante, pues luego de la adhesión internacional que ha recibido de la OEA y del Grupo de Río por la violación de la soberanía territorial se pensó que la etapa de la confrontación verbal había sido superada. Añádase la presentación de la demanda ante la Corte Internacional de La Haya por el caso de las aspersiones del glifosato en la frontera.
Continuar en esta suerte de ‘guerra fría’ sería dar crédito a la presunción de que Colombia anticipa los resultados unilaterales que deberá entregar la Interpol sobre el contenido de las computadoras que se incautó el Ejército colombiano cuando atacó en nuestro territorio a un grupo guerrillero. Por eso, el Gobierno debe prevenir a la comunidad latinoamericana de una ofensiva mediática, que afectaría a los resultados que se obtuvieron, tanto en las dos instancias de la Organización de los Estados Americanos, como el gran consenso producido en la reunión del Grupo de Río.


No hay comentarios.:
Publicar un comentario