En Indiana y en Carolina del Norte comienza hoy un nuevo desafío electoral, una batalla que puede transformarse en el último capítulo de la larga guerra interna que desangra al Partido Demócrata. Pero sólo si la sorpresa irrumpe en las urnas. Los senadores Barack Obama y Hillary Rodham Clinton ganarían un estado cada uno, según anticipan las encuestas. El legislador de Illinois podría triunfar en Carolina del Norte por unos 7 puntos y la ex primera dama se quedaría con Indiana, por otros 6 puntos.
Con esos resultados, la contienda continuará una semana después, en Virginia Occidental; luego en Kentucky y Oregon, y concluirá en junio, en Montana y Dakota del Sur. Ese panorama de lucha casi interminable es música para los oídos del republicano John McCain, que aprovecha el tiempo de ventaja para recorrer el país. Pero eso podría cambiar de la noche a la mañana si Obama sorprende a propios y extraños y se queda con Indiana, donde hace tres semanas lideraba los sondeos.
Desde entonces, el senador por Illinois estuvo en el ojo del huracán por su ex pastor, Jeremiah Wright, que hizo declaraciones polémicas sobre el "resentimiento" de los blancos de clase trabajadora, y sufrió una verdadera golpiza de los Clinton, que lo definieron como un "elitista" amante de la retórica y desconectado de los sueños y temores de los estadounidenses.
"Obama no quiere hacer nada", afirmó Hillary durante un acto en Carolina del Norte, antes de regresar a Indiana. "Ustedes no quieren contratar a un presidente para que dé discursos. Ustedes contratan a un presidente para resolver problemas", acusó.
La réplica no se hizo esperar. Tras recordar que él fue criado por su madre sola y que comían gracias a la ayuda sociales, Obama y su equipo retrucaron que los Clinton, no ellos, son quienes declararon ingresos por US$ 109 millones desde 2001, cuando dejaron la Casa Blanca.
Por las dudas, Obama también sumó alguna dosis de demagogia a sus esfuerzos. Así, después de jugar dos veces al basquetbol callejero ante las cámaras durante la última semana, ayer empezó el día con un desayuno público bien popular en este país: huevos batidos, salsas y bizcochos. Sería algo irrelevante si no fuera porque días atrás se negó a comer ese tipo de comidas.
Sin embargo, fue Karl Rove, el ex cerebro electoral del presidente George W. Bush, quien desnudó la estrategia que siguen los Clinton en una columna en la revista Newsweek, dirigida a Obama: "Estás cometiendo errores y preocupando a la gente con eso de que sos un elitista. Seguramente lograrás la nominación, pero los demócratas están nerviosos respecto de qué sucederá después. Les has dado motivos para que lo estén".
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Con esos resultados, la contienda continuará una semana después, en Virginia Occidental; luego en Kentucky y Oregon, y concluirá en junio, en Montana y Dakota del Sur. Ese panorama de lucha casi interminable es música para los oídos del republicano John McCain, que aprovecha el tiempo de ventaja para recorrer el país. Pero eso podría cambiar de la noche a la mañana si Obama sorprende a propios y extraños y se queda con Indiana, donde hace tres semanas lideraba los sondeos.
Desde entonces, el senador por Illinois estuvo en el ojo del huracán por su ex pastor, Jeremiah Wright, que hizo declaraciones polémicas sobre el "resentimiento" de los blancos de clase trabajadora, y sufrió una verdadera golpiza de los Clinton, que lo definieron como un "elitista" amante de la retórica y desconectado de los sueños y temores de los estadounidenses.
"Obama no quiere hacer nada", afirmó Hillary durante un acto en Carolina del Norte, antes de regresar a Indiana. "Ustedes no quieren contratar a un presidente para que dé discursos. Ustedes contratan a un presidente para resolver problemas", acusó.
La réplica no se hizo esperar. Tras recordar que él fue criado por su madre sola y que comían gracias a la ayuda sociales, Obama y su equipo retrucaron que los Clinton, no ellos, son quienes declararon ingresos por US$ 109 millones desde 2001, cuando dejaron la Casa Blanca.
Por las dudas, Obama también sumó alguna dosis de demagogia a sus esfuerzos. Así, después de jugar dos veces al basquetbol callejero ante las cámaras durante la última semana, ayer empezó el día con un desayuno público bien popular en este país: huevos batidos, salsas y bizcochos. Sería algo irrelevante si no fuera porque días atrás se negó a comer ese tipo de comidas.
Sin embargo, fue Karl Rove, el ex cerebro electoral del presidente George W. Bush, quien desnudó la estrategia que siguen los Clinton en una columna en la revista Newsweek, dirigida a Obama: "Estás cometiendo errores y preocupando a la gente con eso de que sos un elitista. Seguramente lograrás la nominación, pero los demócratas están nerviosos respecto de qué sucederá después. Les has dado motivos para que lo estén".
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