miércoles, enero 20, 2010

Obama, del fervor inicial al desencanto

El presidente norteamericano, que hace 12 meses encarnaba la esperanza de millones de norteamericanos, comienza su segundo año de gestión rodeado de críticas y de riesgos políticos; su nivel de aprobación cayó casi 20 puntos porcentuales. Un año después, el entusiasmo y la extravagante esperanza que suscitó su elección quedan ya lejos. Y hasta él mismo, envejecido por las presiones de su terrible puesto, confiesa alguna frustración.



En 12 meses, Barack Obama ha dado paso a un raro fenómeno. Su rostro, que fue la estampa en la camiseta de millones de ilusionados jóvenes de todo el mundo, hoy suscita una adhesión similar a la de cualquier otro presidente de Estados Unidos en el primer cuarto de su gestión: apenas el 50% (hace un año era casi del 70%).

Y si bien es sabido que la historia no es la suma de anécdotas, tampoco es menos cierto que el presidente que fue capaz de cautivar a millones con su "Sí, podemos", sufría anoche una gravísima derrota en Massachusetts, el feudo de los Kennedy. Algo tan impensable para los demócratas como que Buenos Aires naufrague en un certamen de tango.

¿Qué pasó de un extremo a otro? ¿Qué ocurrió en 12 meses para que el aire ganador de aquella Casa Blanca de la esperanza de cambio y del "Se puede, claro que se puede" se pasara a ésta, de aire defensivo y golpeado?

Tal es el cambio de clima que el equipo presidencial tuvo que sopesar, incluso, que millones de televidentes no se irritaran con el presidente si la fecha de su esperado discurso sobre el Estado de la Nación -fijado ayer para el próximo 27- no arruinaba la emisión de alguna de las series más taquilleras.

Por lo general, ese discurso obliga a reprogramar la taquilla televisiva. Y no parece haber hoy tanta paciencia para la, hasta hace poco, hipnótica oratoria de Obama. Cuando se quiere echar leña al fuego, en Washington se habla del otrora hombre de la "obamanía" como "el Carter negro", en alusión al ex presidente Jimmy Carter, a quien se recuerda como bien intencionado pero débil.

Y, salvando las distancias, entre argentinos hay quienes encuentran un paralelo entre la figura de Obama y la del fallecido ex presidente Raúl Alfonsín en el primer año de su gestión. Los dos cargaron con herencias pesadas como una losa y sus asunciones despertaron expectativas inusitadas; además, su imagen era mucho más fuerte en el exterior que en lo doméstico. "Con matices, es un buen símil. Si a eso se le suma que les tocó gobernar pueblos desagradecidos y que tuvieron enfrente a una oposición durísima", apuntó Héctor Schamis, catedrático argentino en la Universidad de Georgetown.

Al margen de lo ajustado o no del paralelismo, la visión del desencanto tiene su cuota de verdad. Pero también podría ser injusta, porque, si se lo mira sin pasión, en un año, ese mismo balance dista de ser insignificante. "En lo internacional, lo que sin duda ha logrado Obama es un cambio en la percepción de Estados Unidos como país. Y que la potencia hegemónica tenga una imagen positiva en el mundo; cuando se venía de tan abajo, no es un dato para pasar por alto", dijo Michael Shifter, del Interamerican Dialogue, a LA NACION.

Siga leyendo el artículo del diario La Nación de Buenos Aires

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