jueves, junio 10, 2010

Presión sobre Teherán

La aprobación por el Consejo de Seguridad de una nueva tanda de sanciones contra el régimen iraní -con el voto en contra de Turquía y Brasil, sus dos nuevos valedores, y la abstención libanesa- aprieta un poco más las tuercas a Teherán y apunta a un lento pero seguro rumbo de colisión si Irán no pone coto a sus ambiciones atómicas. La decisión de la ONU se produce en la misma semana que el presidente iraní hacía una dramatización in extremis para impedirla. Mahmud Ahmadineyad, además de advertir solemnemente a Moscú contra su aprobación, anunciaba que el reciente acuerdo de su país con Turquía y Brasil -heterodoxo, exiguo, tardío y poco creíble- era la última oportunidad negociadora.

Pronto se verá si la cuarta resolución de la ONU en cuatro años tiene algún efecto relevante en la política nuclear de los ayatolás. Parece dudoso, si se juzgan las anteriores, centradas básicamente en progresivas cortapisas financieras, y el hecho de que los expertos internacionales acreditan la renovada determinación iraní para enriquecer uranio susceptible de uso militar, cada vez más deprisa y con mayor pureza. Sus novedades significativas atañen a la inspección de cargamentos marítimos sospechosos, al estilo de Corea del Norte, la prohibición de vender determinadas armas pesadas o la fiscalización de las actividades comerciales de los Guardianes de la Revolución, el tinglado económico-militar que constituye la espina dorsal del régimen y de su programa nuclear y de misiles, además de sostén directo de su ultramontano presidente. Para conseguir el apoyo de China y Rusia, Washington renuncia a su pretensión de interferir los negocios petrolíferos con Irán, su principal actividad.

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