
Julian Assange se conecta a un chat. Son las 18.41 de la tarde de anteayer, sábado, y el cerco policial se estrecha en torno de él. La justicia sueca lo reclama, Interpol ha emitido una nota roja, recibe varias amenazas de muerte, está en el ojo del huracán.
A las 18.41 encuentra por fin el momento de mantener una charla vía chat con El País . Parece estar bastante tranquilo, según se deduce de su manera de responder. Sigue esquivando, como ya hizo la última vez que lo entrevistamos en Londres, las preguntas en torno del caso que tiene abierto con la justicia sueca, adonde debe acudir a testificar por una doble denuncia de violación y acoso sexual. Está con un terrible dolor de cabeza, dice; las últimas 24 horas han sido muy duras.
-Usted y la gente de su organización están adoptando medidas de seguridad tras las amenazas de muerte que están recibiendo. ¿De dónde vienen esas amenazas de muerte?
-Tenemos cientos de amenazas de muerte específicas de soldados del ejército de Estados Unidos. No es inusual, por experiencias pasadas; nos hemos acostumbrado a ignorar amenazas de extremistas islámicos, cleptócratas africanos y demás. La situación ha cambiado recientemente al extenderse las amenazas a nuestros abogados y a mis hijos. No obstante, son los llamamientos específicos a nuestro asesinato, secuestro y ejecución por parte de las elites de la sociedad norteamericana lo que resulta más preocupante. Va desde la iniciativa de John Ensign en el Senado para declararnos "amenaza transnacional" hasta los llamamientos al asesinato de Marc Thessian, el hombre que escribía los discursos a Bush, y a Bill O'Reilly en las noticias de Fox.


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