Es bien conocido que la fenomenal expansión de China a partir de las reformas iniciadas por Den Xiao Ping en 1978 se basó, fundamentalmente, en expandir sus exportaciones a través de dos claras estrategias: mano de obra barata y tipo de cambio subvaluado. Sin duda "el modelo" ha tenido éxito: el dragón asiático ya ha alcanzado el tercer puesto en el ranking de la economía mundial y el segundo en materia de exportaciones.
Sin embargo, y como es lógico, el superávit de su comercio exterior generó fuertes déficits en sus principales contrapartes comerciales, especialmente: EE UU, la Unión Europea y la mayoría de las naciones desarrolladas. En consecuencia, ya a comienzos de la década pasada, dichos países comenzaron a manifestar su posición contraria al modelo chino pues -con razón- argumentaban que sus economías no podían competir con un "combo" de mano de obra barata (¡actualmente 3 dólares por hora contra 20 dólares en EE UU!) y tipo de cambio subvaluado.
Esta posición se agudizó a partir de la crisis 2008/2009, donde la recesión generalizada obligó a las naciones avanzadas a ponerse más firmes en contra del modelo: no pudiendo atacar el costo de la mano de obra, concentraron sus ataques en el tipo de cambio. En efecto, no ha habido reunión multilateral ni bilateral de los últimos 3 años en los cuales -explícita o implícitamente- no se haya hecho mención a la necesidad de corregir los desequilibrios provocados por las exportaciones chinas bajo el eufemismo de que el tipo de cambio debía "acomodarse a la oferta y demanda del mercado".
Inicialmente la respuesta fue negativa: en julio de 2008 China congeló su tipo de cambio -aún fuertemente subvaluado- en una paridad de 6.83 yuan /dólar. Posteriormente, fueron necesarios casi dos años para que China cambiara su posición. Recién en junio de 2010 el dragón asiático anunció que abandonaba su política de cambio fijo y que comenzaba un período de reacomodamiento "estrictamente gradual" de la paridad.
La decisión generó favorables expectativas; sin embargo, rápidamente, la realidad se encargó de desvanecerlas. En efecto, si bien es cierto que a partir de dicho mes el yuan comenzó a revaluarse; lo concreto es que lo hizo a ritmo oriental: a la fecha - transcurridos ya 6 meses- el yuan cotiza a un valor de 6.64 por dólar, es decir sólo un 2.8% por debajo del valor de arranque. A este respecto, el consenso indica que la subvaluación actual del yuan aún es del orden del 15% al 20 por ciento.
¿Cómo seguirá la partida? La próxima jugada será el próximo 19 de enero, cuando se realice una nueva reunión cumbre entre los presidentes Barack Obama y Hu Jintao. Seguramente, China presentará como principal carta de negociación que su superávit comercial en 2010 -conforme a lo informado el lunes pasado- se ha reducido a "sólo" 185 billones de dólares; cifra que, comparada con los 300 billones obtenidos en el 2008, implica una disminución del orden del 40 por ciento.
Asimismo, destacará que la tendencia mensual del mencionado superávit es claramente decreciente y que, por lo tanto, el actual ritmo de revaluación es el correcto. Por su parte, probablemente, EE. UU. sostendrá que el monto en cuestión de 185 billones aún es elevado y que en consecuencia, al tener prácticamente congelado el costo de su mano de obra, China debería acelerar la valorización de su moneda.


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