lunes, junio 20, 2011

La elección de Cristina

Alguien dijo alguna vez que el poder no cambia a una persona, sino que la pone de manifiesto. Así, no sólo son verdaderos los aspectos negativos de la índole de alguien poderoso; sería equilibrado que le consintiéramos algunos positivos o, sencillamente, humanos o incluso humanos en demasía.

Siguiendo con esta línea de razonamiento, podríamos permitirnos pensar -por ejemplo- que detrás de los discursos espontáneos de la presidenta Cristina Fernández hay una mujer que disfruta de la buena lectura. O que cuando, en octubre de 2008, recordó a Mario Benedetti, lo hizo porque es capaz de descifrar la belleza. O que en abril de 2011, en ocasión de elogiar la obra del pintor Ricardo Carpani, fue porque alguna vez se emocionó con sus retratos de Julio Cortázar y de Roberto Arlt, o con El beso o con los óleos de Desocupados .

Por más que para algunos el poder sea un frenesí del que resulta imposible descabalgar, lo cierto es que muchos lo lograron y con ello, si no la felicidad, al menos un discreto sosiego.

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