
Batoul, en un coche que huye de Siria rumbo al Líbano.| Alessio Romenzi / Save The Children
Sami tiene 40 años y llegó a la localidad libanesa de Baalbek procedente del ya trágicamente famoso barrio de Bab Amro, en Homs. Desde hace dos semanas se encuentra refugiado en casa de unos conocidos de su hermano.
ACNUR calcula que unos 11.000 sirios han huido al Líbano, a pesar de que el ejército ha minado la frontera para frenar este éxodo. La mayoría está asentada en el norte, algunos en viviendas de alquiler (los que menos) y la gran mayoría, en casas de familiares o refugios improvisados.
Como sus compatriotas, Sami vino a Baalbek, a unos 200 kilómetros al este de Beirut, huyendo del conflicto con su esposa y sus dos hijos: Fouad, de tan sólo un mes y Aya, de 2 años. "La vida aquí es muy difícil. No pudimos traer nada y ahora estamos viviendo con otra familia que también es muy pobre. Yo no trabajo y no sé cómo vamos a mantenernos", se lamenta.
Pero si su situación ahora es mala, antes era un verdadero infierno. "Bombardeaban a nuestro alrededor, las casas se derrumbaban y perdí la mía. '¡Papá, que nos van a matar!' decía Aya cada vez que oía un bombardeo. Se despertaba y empezaba a llorar y a gritar", cuenta Sami.
Desesperados, tomaron un coche en Homs que los llevó a Baalbek. "Estaba muy preocupado. Temía perder a mis hijos. Llevamos casado 15 años y estuvimos esperando este don durante mucho tiempo. Son todo lo que tenemos", explica.
'Me pidieron que desnudara a la bebé aunque estaba nevando. El ejército creía que escondíamos algo en sus pañales'
Su viaje es un auténtico relato de terror. "Había francotiradores por todas partes y no teníamos comida ni agua. Muchas personas venían con nosotros, en su mayoría mujeres y niños. Los hombres se asustaron al cruzar la frontera ya que temían ser arrestados".
Según este sirio, "había más de 20 puestos de control antes de llegar a la frontera. Me pidieron incluso que le quitará la ropa a la bebé aunque estaba nevando. Hacía mucho frío y estuvo desnuda una media hora. El ejército sirio pensaba que estábamos escondiendo algo en sus pañales".
Muchos parientes de Sami continúan en Siria, pero se han trasladado a Alepo, en busca de seguridad. "No estaban dispuestos a venir a Líbano, es un país muy caro y no se lo pueden permitir", explica.
Empezar de cero... con ocho hijos
Pero en Baalbek, Sami se reencontró con su hermano, que huyó de Homs dos meses antes. "Llegué al Líbano con mis 8 hijos: Aziza, de 11 años; Ghazuran, de 10; Mohammad, de 9; Omran y Batoul, de 6; Hasan y Hussein, de cuatro y medio y Ali, de dos. Sufría por mi esposa e hijos. Cogimos un coche con cristales tintados y nos vimos rodeados por un tiroteo", relata Hassan.
"Desde Homs hasta Baalbek, tuvimos que detenernos en cada punto de control. "Una vez que logré sacar a mi familia del Líbano, tuve que regresar a la frontera para dejar el coche, ya que era de alquiler", precisa.
Desde que llegó al Líbano, el hermano de Sami no trabaja y la familia con la que viven les proporciona comida y ropa, entre otras cosas. Mientras su hija mayor ejerce de madre con el pequeño Ali, que no suelta su botella de leche, este hombre, que regentaba una carnicería en Homs se desahoga: "Siento que he perdido todo lo que tenía, por lo que he trabajado toda mi vida. Esta situación es difícil para mí y para mi esposa. Estoy muy triste por no poder dar a mis hijos lo que necesitan. Cuando tienen hambre, no puedo comprar comida ... Me han contado que mi casa fue asaltada y la carnicería, destruida".


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