miércoles, marzo 02, 2011

El régimen conserva fuerzas para librar una larga lucha


Sentada en un minúsculo puff frente a ese trono de pacotilla, los zapatos del coronel Muammar Khadafy me llegaban casi a la altura de la nariz. Después de haber pasado varias semanas recluida en un hotel -virtualmente secuestrada- esperando para hacer esa entrevista, estar en esa humillante posición de sumisión aumentaba mi irritación.

-De modo que usted es argentina y viene a hablarme de la heroica resistencia de su gobierno contra el imperialismo mundial, dijo en árabe sin dignarse mirarme, mientras un miembro de su séquito traducía al inglés.

-No, coronel. Vengo a entrevistarlo sobre el avión lleno de armas que usted envió a Galtieri durante la guerra de Malvinas, y los caballos que recibió de su parte en agradecimiento, contesté.

Esta vez me miró fugazmente y volvió a desviar los ojos. Como la mayoría de la gente del desierto, Khadafy rara vez fija directamente a su interlocutor. Con los ojos entrecerrados, prefiere conservar esa actitud indiferente y hierática de los dioses, con la esperanza de hacer sentir su superioridad al resto de los mortales.


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La ONU urge a una evacuación masiva de Libia ante 'la crisis humanitaria'

Un ciudadano egipcio herido es evacuado en la frontera de Libia con Túnez.
Ap

La ONU expulsa a Libia del Consejo de DDHHLa ONU ha instado a una evacuación humanitaria masiva de Libia de "los miles de egipcios y personas de otras nacionalidades" que buscan salir del país. Miles de vietnamitas, indios, turcos, tunecinos, trabajadores chinos y tailandeses se encuentran bloqueados en la frontera tunecina en una situación fronteriza que ya se ha calificado de "punto crítico".

El secretario General de la OU, Ban Ki-moon, ha afirmado que miles de vidas están en juego. Según informa la BBC, alrededor de 75.000 personas han huido a Túnez desde que comenzaran los disturbios y más de 40.000 están esperando para cruzar.

El Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados y la Organización Internacional para las Migraciones han pedido a los gobiernos de todo el mundo que suministren "todos los activo financieros y logísticos que puedan... incluyendo aviones, barcos y personal especializado". Las dos organizaciones consideran esta medida "esencial" ante el hacinamiento de personas que se está viviendo en la frontera y que se agrava a cada hora. "Necesitamos acciones concretas sobre el terreno para prestar asistencia humanitaria y médica. El tiempo es la clave para salvar miles de vidas", aseguró Ban Ki-moon.

Antonio Guterres, jefe de la agencia de refugiados de la ONU, dijo a la BBC: mó a la BBC que "la evacuación masiva es necesaia, porque estamos presenciando un gran desastre humanitario".

Asfixiar a Gadafi

La ONU, EE UU y Europa han salido finalmente de su sopor castigando a Gadafi con tardías medidas de presión. La resolución unánime del Consejo de Seguridad, que convierte al dictador libio en un apestado internacional e incluye la petición a La Haya para que le juzgue por crímenes de guerra, constituye por su relativa firmeza, pese a lo interminable de su gestación, un hito en los adormecidos mecanismos de la ONU. Las represalias contribuyen a estrechar el cerco al sanguinario déspota, pero tardarán en materializarse; y algunas tienen solo un valor simbólico en una fase de la confrontación en la que Gadafi parece más decidido a resistir y morir matando que a buscar seguridad fuera del país sublevado al que ha aterrorizado y esquilmado durante más de 40 años.

De esta presión exterior creciente forma parte por vez primera la amenaza militar. Washington está acercando a Libia parte de su flota mediterránea y Barack Obama y sus aliados europeos han comenzado a hablar abiertamente de preparativos bélicos, como la imposición de una zona de exclusión aérea sobre el país norteafricano como primera opción. Pero esos movimientos son harina de otro costal y los tiempos en Libia y fuera de ella son diferentes. El despliegue naval en marcha tiene como propósito fundamental la intimidación y el eventual rescate masivo de civiles en una zona donde se está gestando una crisis de refugiados de enormes proporciones. Y el deseable cierre del espacio aéreo, para evitar que Gadafi utilice la aviación como arma de exterminio -derribando sus cazas en última instancia-, es una operación lenta y compleja, que exige como preámbulo la aniquilación de sus defensas antiaéreas. La acción directa en favor de los sublevados no tendría sentido mientras los libios que luchan contra el tirano no integren un frente único, y lo suficientemente homogéneo política y territorialmente, que lo permita. Parece que una intervención terrestre abierta, que únicamente podría abanderar la Casa Blanca, está descartada en Libia por el momento. Y no solo porque requeriría la improbable unanimidad del Consejo de Seguridad, sino porque tanto Europa como EE UU arrastran invencibles fantasmas después de Irak y Somalia.

martes, marzo 01, 2011

Occidente les debe protección a los libios / Análisis


Las palabras no bastan: ha llegado la hora de adoptar medidas concretas para evitar la matanza.

"Soy una gloria que no será abandonada por Libia, los árabes, Estados Unidos y América Latina... Revolución, revolución, que comience el ataque", dijo el autotitulado Rey de los Reyes Africanos, Decano de los Dirigentes Árabes e Imán de todos los Musulmanes, coronel Muamar el Gadafi. Esa declaración resume la reacción, extraordinariamente represiva, del régimen libio al levantamiento popular contra la dictadura de Gadafi, que ha durado cuarenta y dos años.

Pero la táctica de Gadafi lo ha dejado encerrado. De ser derrotado, le resultará difícil encontrar refugio en el extranjero, como hizo el ex presidente Zine el Abidine Ben Ali, y el exilio interior, como el actualmente concedido a Hosni Mubarak, será imposible.

Aunque la capacidad del régimen para cometer matanzas en gran escala ha disminuido, la derrota de Gadafi tendrá un gran costo en vidas humanas. En un caso extremo, el régimen podría utilizar armas químicas, como hizo Saddam Hussein contra los kurdos de Halabja, en 1988, o podría lanzar una campaña de intensos bombardeos aéreos, como hizo Hafez el Asad, de Siria, en Hama en 1982.

En ese momento, la intervención internacional sería más probable que nunca. En Libia hay un millón y medio de egipcios y muchos otros ciudadanos extranjeros, británicos entre ellos, y ahora se encuentran en una situación extraordinariamente vulnerable.

En su primer discurso durante la crisis, Saif el Islam el Gadafi, el hijo supuestamente "moderado" del coronel, se refirió a una conspiración internacional contra el régimen, con participación de egipcios, tunecinos y otros agentes extranjeros.

La respuesta del padre y del hijo ha sido la de incitar a la violencia contra los extranjeros.


Narcotráfico: el país sigue los pasos de Colombia y México

Un ex canciller de Colombia y ex embajador de ese país en la Argentina, Jaime Bermúdez, describió a fines del año pasado en Buenos Aires, ante un auditorio cerrado de políticos argentinos, los comienzos del narcotráfico en Colombia y en México. No habló de la Argentina. Bermúdez es un político y diplomático simpático y culto, que dejó en Buenos Aires decenas de amigos cuando volvió a Bogotá para hacerse cargo de las relaciones exteriores de su país.

Esta vez no trajo buenas noticias, aunque su intención no haya sido, seguramente, ser un mensajero de ingratas novedades. Lo cierto es que los argentinos que lo oyeron quedaron estupefactos: aquellos comienzos del flagelo del narcotráfico en México y Colombia se parecían demasiado a la situación actual de la Argentina. "Estaba narrando la Argentina de hoy", resumió un ex ministro de gobiernos radicales.

¿Qué dijo Bermúdez? Contó que esas tragedias nunca aparecen súbitamente en su dimensión final. Siempre hay antes señales inconfundibles: los cargamentos de drogas pasan de gramos a kilos y de kilos a toneladas; el consumo local crece exponencialmente, porque entre los adictos hay potenciales colaboradores; otros países empiezan a registrar que un país determinado se ha convertido en un exportador destacado de drogas; las fuerzas de seguridad son paralizadas por el temor o la corrupción; la política se muestra indiferente o cómplice, y comienzan a aparecer extraños cadáveres de personas ajusticiadas por sicarios. Primero, son pocos y aislados, destacó, pero el negocio es tan grande que termina convirtiendo a la muerte en un alud macabro.

La Argentina tiene dos problemas enormes. El primero es que su dirigencia política (con algunas pocas excepciones, sobre todo la de Elisa Carrió) no quiere hablar del conflicto que plantea el crecimiento del narcotráfico. Hay -¿cómo no?- complicidades, indiferencia e ignorancia. El segundo es que el país está, por el azar de la geografía y la política, en medio de una región productora y exportadora de drogas, donde, además, se han producido importantes cambios en los últimos tiempos en la represión del tráfico de estupefacientes. Nunca ninguno de los dos presidentes Kirchner, por ejemplo, mencionó ese conflicto en ningún discurso público ni se recuerda que hayan hablado de él en conversaciones privadas. Esa ausencia es coherente, según la lógica que indica que los problemas desaparecen cuando no se los nombra.

Hubo ya varias muertes en la Argentina, relacionadas con el narcotráfico desde aquella balacera que fulminó a dos colombianos en la cochera del shopping Unicenter. Esas muertes y también otras fueron ejecutadas por sicarios montados en motocicletas, que es la manera rápida y limpia como actúan los sicarios del narcotráfico. No queda un solo rastro; todo tiene la velocidad de la luz y la policía llega cuando todo pasó. Una vez, el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, dijo que se estaba dramatizando la cuestión porque aquí se podían contar 15 o 20 muertes por el narcotráfico, mientras que en México hay entre 9000 y 10.000 muertes por año. La estadística puede ser cierta, aunque haya sido módico con los números argentinos, pero lo más notable es que los funcionarios kirchneristas se hayan quedado tranquilos con esas comparaciones. ¿Esperan que la situación se desmadre, como en México, para comenzar a tomar cartas en el asunto?

Las fuerzas leales a Gadafi preparan una contraofensiva para recuperar el control del oeste

El régimen de Muamar el Gadafi se resiste a dar por perdido el oeste del país pese a que muchas ciudades en la ruta hacia Trípoli, bastión del dictador, han ido cayendo en manos de los rebeldes durante estos doce días de conflicto. Además de mantener un férreo control de las carreteras que conectan las ciudades liberadas, los militares han iniciado en las últimas horas un repliegue de efectivos en una zona próxima a la frontera con Túnez. Los relatos de testigos recogidos por Reuters aseguran que el Ejército está concentrando tropas y preparando una ofensiva sobre las localidades de Nalut y Wazin, ubicadas en una zona interior a menos de 100 kilómetros de la frontera con Túnez.

"Están rodeando el área cercana a la frontera tunecina. Vienen con ametralladoras en vehículos pesados y decenas de hombres equipados con armamento ligero", ha asegurado Sami, uno de los habitantes de Nalut, en conversación telefónica. "Dicen que vienen a por los matones, pero la gente de Nalut no nos lo creemos. Todo el mundo está en alerta ante un posible ataque de estas fuerzas para recuperar la ciudad", ha agregado. No obstante, otro vecino ha apuntado que hasta el momento, pese al movimiento de tropas, no ha habido ningún ataque en Nalut. "Aquí no ha habido lucha, han pasado de largo hacia la frontera, alrededor de Wazin. No sabemos lo que está pasando allí", ha señalado.


La carta más peligrosa de Khadafy: los mercenarios

Juran que defenderán al líder "hasta el fin". Sus aliados y hasta sus propios diplomáticos lo están abandonando, pero los soldados africanos han jurado defender al acorralado Muammar Khadafy "hasta el fin". Los mercenarios africanos que el líder libio supuestamente está usando contra los manifestantes provienen de diferentes países y presentan un verdadero "mapa" de la beligerante historia del presidente libio con sus vecinos.

Muchos jóvenes de Mali y Nigeria, que ingresaron en masa a Libia en las décadas de 1970 y 1980, eran de la etnia tuareg y fueron reclutados para formar una "legión islámica" según el modelo de la Legión Extranjera francesa.

En Mali, Ibrahim Mohamed Asseleh, un político tuareg, dice que en las fuerzas de seguridad de Libia hay todavía 16.000 hombres de esa etnia y que están en Trípoli y Sabhabut, pero no en Benghazi, una ciudad importante que ya no está bajo el control de Khadafy. "Estamos recibiendo informes de algunos de ellos por teléfono. Dicen que tienen órdenes de proteger a Khadafy y que lo harán hasta el fin."

Desde Libia, los testigos informan que hay soldados africanos que han disparado sobre los manifestantes o que han sido capturados por fuerzas opositoras a Khadafy. Afirman que los mercenarios han salido a las calles para intentar aplastar la rebelión.

"Algunos gobiernos africanos están en deuda con Khadafy por haberlos apoyado y por haber abierto las puertas de Libia a sus trabajadores, pero es muy improbable que esos líderes le envíen tropas en este momento", dijo Alessandro Triulzi, profesor de estudios africanos de la Universidad de Nápoles.

"El tema es qué beneficio podrían sacar, y Khadafy no está en situación de ofrecerles nada", agregó.
Desestabilización

Por su parte, el director del programa africano del Centro Internacional de Justicia Transnacional, Suliman Baldo, afirmó: "Los líderes africanos aceptaron el apoyo y el dinero que Khadafy les ofrecía, lo que no significa que confiaran en él o que lo respetaran ni que vayan a apoyarlo hoy".

Baldo agregó que Khadafy tiene una larga historia en promover la desestabilización en Africa y que apoyó a los grupos de activistas de Chad y la región Darfur de Sudán. "Pero también estaba tratando de apagar incendios, incluso algunos de los que había iniciado él mismo."

Paul Sullivan, experto en Africa de las universidades de Defensa Nacional y de Georgetown, afirmó que hace tiempo que Khadafy financia y entrena a grupos y organizaciones rebeldes de Africa Occidental y otros lugares.

"Los mercenarios son contratados para matar y sembrar el terror en diferentes lugares, y muchos de los más sanguinarios están en Africa. Khadafy lo sabe y no tiene límite moral alguno para recurrir a ellos", afirmó.

 
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