domingo, octubre 16, 2005

La guerra y el hambre fuerzan el éxodo de África

En la valla que circunda Melilla ondean aún jirones de África. Zapatos, plásticos y restos de la ropa que los subsaharianos se dejaron en su intento por acceder a un mundo donde la sequía no condena al hambre ni las guerras diezman generaciones. La pobreza europea no es comparable a la africana. "Tenemos el derecho de tener una vida mejor, todos en África quieren venir", reivindica Rachel Mathew, de 24 años, que abandonó Benin junto a su marido en 2002 y entró en Melilla sin él hace dos meses. Rachel dejó en su país a su hijo mayor. Hace 10 días dio a luz a una niña llamada Yonaida, que significa guerrillera. Su embarazo discurrió en una chabola en un bosque marroquí, comiendo de lo que mendigaba y bebiendo agua del mar o de los charcos.

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