La grave violación en la madrugada de ayer del alto el fuego por parte de fuerzas especiales israelíes, con un ataque en la zona de la Bekaa, cerca de la frontera de Líbano con Siria, pone en peligro el despliegue de la fuerza internacional. En este mortífero juego de espejos, el ministro libanés de Defensa, Elias al-Murr, ha pedido explicaciones a la ONU, mientras Israel argumentaba que se trataba de evitar la llegada de armamento a Hezbolá desde Siria e Irán. Aunque Israel hubiera indicado que seguiría con este tipo de acciones cuando dio su acuerdo siete días atrás, el incidente pone de manifiesto la fragilidad del alto el fuego y las dificultades que se plantean para la misión de fuerzas internacionales bajo bandera de la ONU.
La ampliación de la FINUL de 2.000 a 15.000 soldados está destinada a asegurar el alto el fuego, estabilizar la situación y ayudar al Ejército libanés, pero no directamente a desarmar Hezbolá. Esto último resultaría inviable. Ahora bien, no se excluye que tenga que contribuir a asegurar que no le lleguen más armas al grupo integrista. Pero el nuevo despliegue de la FINUL es el sur de Líbano, en la zona de contacto con Israel, no en la frontera con Siria, por lo que tampoco evitará el suministro de arsenales desde allí. La gran cuestión, sin embargo, es quién desarmará a Hezbolá, requisito que pidió el Consejo de Seguridad en 2004. El Ejército libanés no parece disponer de la fuerza suficiente, y Hezbolá está en el Gobierno de concentración nacional de Líbano.
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