Yo, siempre en el medio", bromeó recientemente ante los fotógrafos en alguno de los eventos a los que asistió durante la campaña. La senadora demócrata por Nueva York, Hillary Clinton, sabe que su lugar en el centro en términos ideológicos es lo que la mantiene hace años en el firmamento político de este país. Un espacio que deberá reforzar a partir de los resultados de ayer, que, además de habilitarla como una de las grandes ganadoras de la jornada —logró la reelección por una diferencia de 70%—, la posicionaron en la largada de la campaña para las presidenciales del 2008. Nadie puede hacerse el sorprendido. Hillary fue una primera dama no convencional (1993-2001), con título de abogada, de perfil alto y pensamiento propio. Desde Eleanor Roosevelt que la mujer de un presidente de EE.UU. no tenía tal personalidad. Su fortaleza fue siempre uno de sus mayores atributos, al punto que resistió desde la Casa Blanca todas las flechas envenenadas que le arrojaban por su intervención permanente en materia de salud o derechos civiles. Y, más aún, soportó junto a su hija Chelsea el escándalo sexual que involucró a su esposo, el ex presidente Bill Clinton (60), con un estoicismo que la hizo impenetrable al instinto asesino de los enemigos y los medios.Su destino político estaba marcado desde sus estudios en Yale o tal vez desde antes, cuando a los 16 años militaba en las filas de un político republicano. Ya lejos de la Casa Blanca, Hillary se lanzó a la búsqueda de una banca en el Senado, en un camino que se le despejó cuando Rudy Giuliani, alcalde de Nueva York en el 11-S, debió abandonar enfermo la candidatura por los republicanos. Su mirada celeste cielo (y hielo) resiste cualquier impacto.
SIEMPRE JUNTOS. El ex presidente Bill Clinton y Hillary votan, ayer, en Chappaqua, estado de Nueva York. (NYT
Impecable, Hillary es capaz de reunirse con líderes religiosos —creció en el seno de una familia metodista— y dar su opinión sobre temas calientes como el aborto (es partidaria de la despenalización) o el matrimonio gay, que no apoya en lo personal pero cuya condena no la cuenta entre sus militantes activos.Con palabras como estiletes fue también capaz de contestarle a su competidor republicano, John Spencer, que en una grosería impropia de un caballero dijo durante la campaña que no comprendía cómo Bill Clinton se había casado con ella, que de joven había sido muy fea.La falta de tacto de Spencer fue más allá cuando mencionó a un periodista su sospecha de que Hillary es lesbiana y agregó que la senadora llevaba gastados millones en cirugía estética. "Es alguien que cuando no tiene nada que decir penetra en terrenos pantanosos", fue la gélida respuesta que recibió el candidato.


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