jueves, marzo 15, 2007

El desarme, un objetivo lejano para las potencias mundiales

En tiempos de paz, los elevados costos de los sistemas de disuasión nuclear despiertan, tanto en Gran Bretaña como en Francia, una viva oposición sobre su utilidad frente a una amenaza difícil de identificar, más aún cuando la austeridad presupuestaria exige que cualquier gasto sea justificado ante la opinión pública. La oposición que el primer ministro Tony Blair encontró en su propio partido a su plan de modernización del sistema de disuasión nuclear no es muy diferente del rechazo que genera en Francia la reformulación de la doctrina nuclear.
En noviembre pasado el primer vuelo experimental del misil estratégico francés M51 destinado a reemplazar el M45 a bordo de los cuatro submarinos nucleares franceses, uno de los componentes de la disuasión nuclear, despertó una viva oposición y numerosas manifestaciones. Luego de los Estados Unidos, que mantienen en suelo europeo unas 480 cabezas nucleares en seis países de la OTAN (Bélgica, Alemania, Italia, Holanda, Turquía y Gran Bretaña), Francia y Gran Bretaña son la segunda y la tercera potencia nuclear, con unas 350 y 200 cabezas nucleares.
El fin de la Guerra Fría no sólo dejó de lado una amenaza nuclear latente sobre el suelo europeo, sino que impulsó una vasta modernización de las fuerzas armadas, lo que en el caso francés se tradujo por la profesionalización de las tropas y en definitiva una racionalización de los recursos que, a pesar de las críticas, no alcanzó a la disuasión nuclear. La ausencia de una amenaza nuclear a la altura de lo que fue la Unión Soviética en los tiempos de la Guerra Fría es el argumento más utilizado para que se abandonen las armas atómicas, cuyo costo absorbe un porcentaje importante de los presupuestos destinados a la Defensa. Sin embargo, aquellos que apoyan el armamento nuclear consideran que países como Irán o Corea del Norte, o la presunta posesión de armas de destrucción masiva y biológicas por parte de grupos terroristas, sí representan una amenaza para la seguridad internacional que merece reforzar el poder de disuasión nuclear de las potencias mundiales.
Con el 2,57% de su producto bruto interno destinado a las fuerzas armadas, Francia es el que más asigna a la manutención y modernización del dispositivo militar nacional. Le sigue en Europa Gran Bretaña, con 2,32%. La fabricación, la manutención y los gastos de funcionamiento de las fuerzas nucleares francesas representan alrededor de 20% del presupuesto de defensa, mientras que los créditos para la investigación militar llamada "convencional" disminuyen constantemente. Sus detractores consideran esta cifra como un gasto elevado cuando el Estado impulsa la austeridad en otros sectores y que las necesidades de otros ministerios parecen más urgentes. Londres, como también París, firmó el 1° de julio de 1968 el Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP), cuyo artículo VI incita a dar pasos hacia el desarme.

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