jueves, abril 19, 2007

Pesada herencia para el sucesor de Chirac

El hombre o la mujer que asuma la presidencia de Francia después de las elecciones del 6 de mayo se hará cargo de un país sumergido en una profunda crisis económica, social y sin confianza en el porvenir. Los franceses, que hasta 1970 asombraron al mundo con el poderío de su gran nación, tienen miedo del presente y piensan en el futuro con terror: miedo de perder sus empleos, del destino de sus hijos, de la violencia en los suburbios y del colapso de su célebre sistema de protección social.
Tras 30 años de declive, la quinta potencia económica del planeta sabe que debe cambiar para sobrevivir, pero no logra decidirse. "Francia tiene serias dificultades en resolver hacia dónde ir", afirma el economista Jacques Marseille. Segunda economía de la zona euro, potencia nuclear y miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU, Francia es sede de diez de las 50 empresas más importantes de Europa. Es el país de la industria del lujo y de la moda, del avión más grande del mundo (Airbus, con 853 pasajeros), del vino y del tren más rápido del planeta (TGV, 575 km/h). Su sistema de salud es tan bueno que sus vecinos europeos vienen a internarse en sus hospitales, mientras que su índice de natalidad es uno de los más altos del Viejo Continente. Sin embargo, desde 1975, "en un mundo dominado por la competencia global y el rápido avance tecnológico, el modelo francés -nacido de las cenizas de la Segunda Guerra Mundial y realmente exitoso durante 30 años- simplemente dejó de funcionar", advierte el economista Nicolas Baverez. Rígido e inflexible, ese sistema, suerte de capitalismo dirigido por el Estado y administrado por una elite política y administrativa, fue provocando el paulatino estancamiento económico y social del país.

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