Luego de tomar el control de las empresas que quedaban en manos privadas en la Faja del Orinoco, el gobierno de Venezuela tiene ahora por delante el desafío de convencer a las compañías extranjeras de que se queden en el país como socios minoritarios y continúen con las inversiones. Hay mucho en juego. Si el presidente Hugo Chávez puede persuadir a las empresas para que permanezcan en el país, Venezuela estará camino de desarrollar el mayor depósito petrolero del mundo y posiblemente superar a Arabia Saudita como la nación con más reservas. Pero si los ahuyenta, la región del Río Orinoco podría terminar sin la inversión y el know-how que tanto necesita para transformar su crudo extrapesado -que requiere un complejo proceso antes de ser refinado- en petróleo comercializable.
En efecto, los analistas temen que la petrolera estatal Pdvsa pueda enfrentar problemas de producción y seguridad si pierde la experiencia en gerencia y tecnología de las grandes empresas transnacionales. La calificadora de riesgo Standard & Poor s, una de las más importantes del mundo, advirtió a los inversionistas que la toma de control estatal de las operaciones en la Faja del Orinoco representa un "deterioro en el riesgo país de Venezuela", al empeorar el clima de negocios. Venezuela asegura que produce algo más de tres millones de barriles por día (bpd), pero analistas estiman que la producción se ubicaría en 2,6 millones de bpd. La Faja Petrolífera del Río Orinoco abarca poco más de 55.000 kilómetros cuadrados y guarda alrededor de 1,3 billones de barriles de crudo extrapesado.
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