Una milla, es decir, algo más de 1,6 kilómetros, es lo que separa la Casa Blanca del Capitolio. Pero George W. Bush debió dar un largo rodeo para que su mensaje llegase a oídos de los legisladores, ni qué decir para influir sobre ellos. Un rodeo tan extenso y peligroso que apareció en Irak, rodeado de soldados propios y funcionarios iraquíes, pero hablándoles a aquellos legisladores. Demócratas y republicanos recibirán la semana próxima dos informes que, en esta capital, son considerados "determinantes" para definir el futuro de las tropas norteamericanas en Irak.
El primero es el que presentarán el general David Petraeus y el embajador Ryan Crocker; el segundo, el que enviará la propia Casa Blanca. Ambos informes evaluarán la situación en Irak, ofrecerán pronósticos y sugerirán vías de acción. Por lo que se sabe, recomendarán extender la presencia militar por lo menos un año más, a pesar del mayoritario y creciente malestar de los estadounidenses con la guerra. En otras palabras, se avecina un debate durísimo en esta capital. En este contexto, el viaje de Bush a Irak resultó notable por el momento y el lugar específico en que se concretó, después de ser evaluado y organizado durante las últimas seis semanas, detalló ayer el consejero de Seguridad Nacional, Steven Hadley, y por la carga de mensajes tácitos que ofreció a iraquíes y norteamericanos por igual.
Bush habló para las cámaras de televisión y los fotógrafos, parado delante de dos camionetas blindadas Humvees y una carpa polvorienta de una base militar de Anbar, a unos 200 kilómetros de Bagdad. O también rodeado de soldados sonrientes. O de iraquíes respetuosos. "Urjo a los miembros de ambos partidos en el Congreso a escuchar lo que ellos tienen que decir", reclamó Bush, en alusión a sus máximos colaboradores en Irak, Petraeus y Crocker. "No deberíamos llegar a ninguna conclusión hasta [conocer] el informe del general y el embajador", explicó. Pero Bush, en todo caso, tampoco los esperó. Reafirmó que quiere que los 30.000 soldados más que se sumaron a principios de año a los 132.000 ya desplegados en Irak continúen allí hasta bien entrado 2008, aun cuando la ocupación cuesta 10.000 millones de dólares por semana, además de las vidas de norteamericanos e iraquíes.


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