Tras cuarto siglo de vigencia ininterrumpida, desde 1982, la democracia en Bolivia se encuentra frente a dos opciones, seguir profundizándose o ser reemplazada por otro sistema de gobierno, como parte de las transformaciones que el actual Gobierno del Movimiento Al Socialismo (MAS) se ha propuesto ejecutar en el país. Se habla, como opciones, de un "socialismo-comunitario", pero también de un sistema autoritario. Mientras, en el ámbito político se barajan estas alternativas y pese a todos los problemas, debilidades e imperfecciones que presenta la democracia en el país, para la mayoría de los bolivianos la democracia es el mejor sistema de gobierno. En 2003, sólo el 45 por ciento de los bolivianos apoyaba la democracia, consecuencia de la mayor crisis política que enfrentó el país. Pero, en agosto de este año, el respaldo era del 70 por ciento. Sólo un porcentaje mínimo de los bolivianos opta por un régimen autoritario, según el informe "El estado de la opinión", presentado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en agosto pasado.
A pesar de esa amplia coincidencia y el camino avanzado en estos 25 años de vigencia, el analista político Fernando Mayorga advierte que la democracia no está exenta de entrar en una polarización y ser un tema más de confrontación entre los bolivianos, a partir de su asociación con las autonomías, la plurinacionalidad y otros que están en discusión en la Asamblea Constituyente. Según Mayorga, en este contexto, se ha generado en el ámbito político un debate sobre el valor de la democracia, un aspecto que nunca estuvo en discusión. Este advertido se puede evidenciar en las propuestas del Gobierno y declaraciones de algunos dirigentes sindicales, que consideran que "la democracia sirvió para enriquecer a algunos y empobrecer a la mayoría del país". La aprobación de la reelección continuada del Presidente de la República, sin ningún límite temporal -propuesta por el MAS- según los opositores al actual Gobierno, va en contra de uno de los fundamentos de los regímenes democráticos, que dice que ningún partido o líder debe perpetuarse en el poder. Uno que recrimina las fallas de la democracia es el propio presidete Evo Morales, que llegó al poder con sus normas, pero la tacha de "neoliberal" y "excluyente" y quiere cambiarla por un régimen comunitario, aunque con una "revolución democrática". Su proyecto de cambio se centra en la Asamblea Constituyente elegida en 2006, aunque en 14 meses de deliberaciones ha sido incapaz de consensuar un solo artículo de la nueva carta magna.


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