El primer ministro Gordon Brown se hizo un gran daño político a sí mismo al dar pie a los rumores sobre una convocatoria a elecciones anticipadas cuando tenía a su favor todos los sondeos para después volverse atrás ante las primeras encuestas desfavorables. Brown, un político que publicó un libro en el que elogia el valor de héroes del siglo XX como Nelson Mandela y Martin Luther King, entre otros, se ve expuesto una vez más a la acusación de que muestra poco temple en situaciones que requieren coraje. Todo lo contrario de lo demostrado por el líder conservador, David Cameron, que hizo valer el adagio latino según el cual "la fortuna ayuda a los audaces" y, durante el congreso anual de su partido, la semana pasada en Bournemouth, desafió a Brown a llamar a elecciones anticipadas.
Con un discurso improvisado y convincente y, sobre todo, con una clara promesa de reducción de impuestos -palabras que sonaron a música celestial entre buena parte del electorado-, Cameron, por quien nadie daba mucho últimamente, logró en cuestión de horas dar un vuelco total en los sondeos, que prenunciaban la cuarta derrota consecutiva para los tories . Y Brown, que había concebido el adelanto electoral para perjudicar a Cameron y forzar, de paso, un nuevo giro a la derecha de los conservadores que los hiciera inelegibles por diez años más, vio de pronto que, si convocaba ahora a elecciones, podría ver recortada la actual mayoría de los laboristas. E incluso, en el peor de los casos, el premier, después de esperar diez años para heredar el cargo de Tony Blair, podía sufrir ahora la ignominia de pasar a la historia como "Brown el Breve".
Todo ello después de haberse ufanado de haber hecho frente con éxito a las crisis que se le presentaron en los 100 primeros días de su mandato y después, también, de haber intentado desestabilizar a los conservadores, divididos entre modernizadores y tradicionalistas, al invitar a tomar el té y alabar como una "política de convicción" a la ex primera ministra Margaret Thatcher. Los conservadores tacharon ese gesto de puro cinismo y lo calificaron como un intento de aprovecharse de una ex dirigente de salud delicada. La izquierda, para quien Thatcher comenzó la destrucción del Estado de Bienestar, tampoco vio con buenos ojos la maniobra. Un inesperado viaje a Irak para anunciar allí una reducción de las tropas británicas, sin esperar a comunicárselo antes al Parlamento y en un claro intento de quitar protagonismo al congreso conservador, fue visto también, no sólo por la oposición, sino por muchos ciudadanos, como una nueva violación de las reglas del fair play . En vano se esforzó ayer Brown por intentar convencer a los británicos de que finalmente había renunciado a convocar a elecciones en las próximas semanas porque tenía "una visión de cambio" para Gran Bretaña y quería mostrar cómo la pondrá en práctica en sectores como la vivienda, la salud y la educación.


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