La sorpresiva aprobación y sanción, por el Senado nacional, del proyecto de ley de referendo para la revocatoria del mandato del Presidente y Vicepresidente de la República, así como de los prefectos de los nueve departamentos, norma que a pesar de haber sido acogida con beneplácito por el Jefe de Estado, no había sido promulgada hasta el cierre de esta sección editorial ayer, más allá de generar un remezón político la tarde del pasado jueves, planteó nuevas interrogantes sobre la resolución de la crisis política e institucional que padece el país, en circunstancias en que la probabilidad de la reanudación del diálogo entre el Ejecutivo y la oposición regional en torno de sus visiones contrapuestas de futuro hegemonía, autoritarismo, centralización, exclusión y afán de perpetuarse en el poder, de un lado; y creciente a la vez que irreversible tránsito hacia la autonomía, del otro, máxime si de manera casi simultánea el mandatario invitaba a sus adversarios a una reunión el próximo lunes, junto a tratar de reconciliarse con la Iglesia Católica, cuya misión de facilitación del encuentro, fuera de modo torpe descalificada por dos de sus más allegados.
La sorpresa fue tanto mayor cuanto que la gestión en la Cámara alta, provino de los representantes de los partidos opositores, convencidos al parecer de que contribuirían a que Bolivia saliese en el corto plazo del laberinto en que se encuentra perdida, luego de haber permitido que el proyecto presentado por el propio Presidente en diciembre de 2007, en un audaz intento suyo de hallar una puerta de escape del entonces ya complicado escenario, se empolvara en los anaqueles del palacio legislativo.
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La sorpresa fue tanto mayor cuanto que la gestión en la Cámara alta, provino de los representantes de los partidos opositores, convencidos al parecer de que contribuirían a que Bolivia saliese en el corto plazo del laberinto en que se encuentra perdida, luego de haber permitido que el proyecto presentado por el propio Presidente en diciembre de 2007, en un audaz intento suyo de hallar una puerta de escape del entonces ya complicado escenario, se empolvara en los anaqueles del palacio legislativo.
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