El ciclo que se abrió con el default y la maxidevaluación de 2001 duró poco más de siete años. La economía se recuperó y la política alimentó el liderazgo enorme y temible de Néstor Kirchner. se reordenamiento se alcanzó por una estrategia que privilegió la exacerbación del consumo. Los resultados fueron embriagantes: disminución drástica de la pobreza, el desempleo y la indigencia y estelares niveles de crecimiento. Los caceroleros volvieron a las rutinas de los padres de familia y los piqueteros se convirtieron en burócratas: misión cumplida.
Pero en aquel desempeño la economía sobrepasó su contextura. El "milagro" ya debe mucho a subsidios fabulosos, un intervencionismo cercano a la mala praxis, inflación acelerada. El corto plazo se consagró como único plazo. El círculo se está cerrando. De la fantasía de gobernar sin costos nacen nuevos malestares: la receta que sirvió para evitar los primeros cacerolazos está provocando nuevas formas de protesta. Cacerolazos de segunda generación contra las distorsiones que se consintieron para evitar los de primera.
El exceso de cálculo, o el simple nepotismo, hizo que las consecuencias se paguen en la intimidad de un matrimonio.
La rebelión del campo fue la primera manifestación, masiva y estridente, de esa pérdida de consenso social para la economía gerenciada por Kirchner. Con ella se quebraron los principales supuestos con que se venía percibiendo a la administración, y sobre el telón de fondo de ese cambio de humor comenzaron a recortarse nuevos problemas que amenazan con nuevas convulsiones. En el horizonte de los especialistas se detectan dos: la restricción fiscal de las provincias y el malestar industrial.
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Pero en aquel desempeño la economía sobrepasó su contextura. El "milagro" ya debe mucho a subsidios fabulosos, un intervencionismo cercano a la mala praxis, inflación acelerada. El corto plazo se consagró como único plazo. El círculo se está cerrando. De la fantasía de gobernar sin costos nacen nuevos malestares: la receta que sirvió para evitar los primeros cacerolazos está provocando nuevas formas de protesta. Cacerolazos de segunda generación contra las distorsiones que se consintieron para evitar los de primera.
El exceso de cálculo, o el simple nepotismo, hizo que las consecuencias se paguen en la intimidad de un matrimonio.
La rebelión del campo fue la primera manifestación, masiva y estridente, de esa pérdida de consenso social para la economía gerenciada por Kirchner. Con ella se quebraron los principales supuestos con que se venía percibiendo a la administración, y sobre el telón de fondo de ese cambio de humor comenzaron a recortarse nuevos problemas que amenazan con nuevas convulsiones. En el horizonte de los especialistas se detectan dos: la restricción fiscal de las provincias y el malestar industrial.
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