martes, octubre 07, 2008

“Qué ironías de la vida, por años los países ricos nos quisieron enseñar a modernizar nuestros mercados”

Por Mario Wainfeld de Página/12 de Buenos Aires




La presidenta Michelle Bachelet recibe a PáginaI12 en el despacho del embajador de Chile en Argentina, cerca del radiante mediodía de ayer. Nadie la acompaña durante la entrevista, a diferencia de lo que suele ser regla en otros lares. Mira a los ojos, no toma ni un vaso de agua durante tres cuartos de hora. Suele responder extensamente a cada pregunta, dando por hecho que “usted ordenará esto cuando lo escriba”.

–Hace treinta años nuestros países estuvieron a un tris de ir a la guerra. Y, en el último minuto, primaron la sensatez y la política, y se pudo evitar. Ahora se está mejor, avanzando en la integración política, la cooperación y el intercambio económico creciente y sustentable. Parece que estamos a un tris de lograrlo, pero no se termina de redondearlo, parece que siempre falta algo. ¿Comparte esa observación?

–Yo soy un poco más optimista que usted. Se puede seguir mejorando, pero creo que entre Chile y Argentina se dieron grandes pasos. No sólo esa cordura y sensatez, se reafirmaron los tratados de Paz y Amistad del ’84. Es difícil imaginar para Chile un país con el que tenemos tal grado de cercanía de interés público y privado. Piense en la relación entre los gobiernos. Y también, en el plano del comercio. Acá hay una enorme cantidad de inversiones chilenas. La balanza comercial es para nosotros un poco deficitaria, pero lo esencial es que el intercambio es inmenso. Hay áreas en las que habría sido impensable que hubiéramos podido avanzar, como la militar. Lo digo con orgullo porque yo era ministra de Defensa cuando, con el ministro (José) Pampuro, formamos la primera brigada coordinada para ir a Chipre. Chile se jugó por ir con Argentina a la fuerza de paz. Este año firmamos un acuerdo para armar una fuerza conjunta. En múltiples áreas, para qué decir la cultura. Una de las actividades que hoy día tenemos es que vamos a construir en esta embajada una Casa de Cultura de Chile en la Argentina, porque a través de la cultura los jóvenes y los pueblos se acercan, se conocen y se reencuentran.

–¿Cómo pesan (o cuánto contrapesan) la cuestión energética, las discusiones que hubo sobre el suministro de gas de Argentina a Chile?

–Sería absurdo desconocer que esa situación ha significado un detrimento en nuestro país del acceso a la energía, que nos obligó a usar elementos fósiles de alto costo o de alto grado de contaminación, como el diésel. Lo que ha significado encarecer y limitar la producción, un frenazo a la competitividad de Chile. Pero nuestra relación con Argentina no pasa a través del gas, es mucho más que eso. Justamente, ese comprenderse, esto que generan los gobiernos democráticos, la capacidad de discutir los temas ha permitido sentarse a trabajar y discutir las diferencias. El gobierno argentino, más allá de sus limitaciones por las sequías y por los fríos, hizo su mayor esfuerzo por entregar el máximo de energía posible. Y nosotros, aprendiendo la lección de no ser dependientes de un solo proveedor, generamos una política que llevará, al final de mi gobierno, a tener más fuentes renovables de energía, ojalá energías más limpias. Vamos a tener dos puertos de gas natural licuificado que podrá permitir que, si en algún momento la Argentina tiene un déficit, podamos trabajar en cooperación.

Siga leyendo la entrevista que trae El Diario Página/12 de Buenos Aires

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