
Steve Jobs es el alma de Apple. Pocas empresas están tan ligadas a su primer ejecutivo como el gigante tecnológico de la manzana. Por eso, la primera reacción del mercado ante la nueva baja médica de Jobs fue de miedo, esto es, de ventas. Jobs, sin embargo, anunció su decisión en un día en que las Bolsas estadounidenses estaban cerradas y no será hasta esta tarde cuando Wall Street ponga precio a la salud del jefe de Apple, en un día en que la empresa también presenta resultados.
Ayer, en el mercado alemán, en el que Apple cotiza sin mucha liquidez, las acciones del gigante tecnológico cayeron un 8%, lo que en términos absolutos implica una pérdida de valor de unos 26.000 millones de dólares, cerca de 20.000 millones de euros. Sin embargo, hoy las acciones se recuperaban en Europa a la espera de que el descenso en EE UU no sea tan brusco.
Jobs, de 55 años, es un superviviente de un cáncer de páncreas por el que sufrió una intervención quirúrgica en 2004. En 2009 recibió un trasplante de hígado. Esta vez no ha desvelado la causa de su baja en el correo electrónico dirigido a la plantilla. En su mensaje, eso sí, Jobs asegura que seguirá implicado en las grandes decisiones estratégicas adoptadas por la compañía, pero que dejará en manos de Tim Cook, el director de operaciones, la gestión del día a día de la empresa.


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