La decisión de Chávez de gobernar desde La Habana y el deterioro de la economía han puesto al régimen en uno de sus más difíciles momentos
Casi dos semanas después de haber abandonado su país el pasado 5 de junio, cuando inició lo que se suponía sería una breve gira regional, el presidente de Venezuela, Hugo Chávez Frías, aún no regresa a su país. Se ha instalado en La Habana donde, según la versión oficial, estaría siendo sometido a una terapia postoperatoria.
Como no podía ser de otro modo, tan anómala situación ha comenzado a tener efectos en el escenario político venezolano. La incertidumbre, las dudas sobre la verdadera naturaleza de los motivos que mantienen a Chávez alejado de su país y la falta de una autoridad que ocupe interinamente el lugar del primer mandatario están ya dando lugar a crecientes tensiones políticas e incluso en las filas oficialistas ya se oyen las voces que piden una explicación razonable.
Y como si el vacío de conducción política no fuera suficiente motivo de suspicacias, a él se suma una serie de decisiones que están siendo tomadas por Chávez desde La Habana, cuya importancia para el futuro económico de su Gobierno y su país no pueden pasar inadvertidas. Es el caso, por ejemplo, de una ley sobre endeudamiento adicional mediante la que se autoriza al Estado venezolano duplicar su deuda durante lo que queda de la gestión 2011.
Una decisión de tal magnitud, digna de intensos debates en circunstancias normales, en Venezuela ha sido adoptada no sólo transgrediendo las formalidades legales sino, lo que es peor, sin ofrecer al país una explicación razonable sobre las razones que la habrían hecho necesaria.


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