Graves amenazas se ciernen sobre el futuro de la llamada "primavera árabe", seis meses después del comienzo de revueltas que barrieron a los presidentes tunecino y egipcio, y provocaron crisis en Libia, Siria, Yemen y Bahrein.
La seguidilla de protestas y revueltas, que avivó las esperanzas democráticas en esta región, se convirtió en este momento en un cortejo de conflictos, crisis y graves problemas económicos.
"La situación es hoy más difícil", estimó Rabab al-Mahdi, profesora de Ciencia Política de la Universidad Americana de El Cairo (AUC), seis meses después de que un vendedor ambulante se inmolara con fuego en Túnez, punto de partida de una ola de revueltas en el mundo árabe.
"La idea de que se podía salir a las calles para derrocar un régimen como pasó en Túnez y en Egipto se pone en duda con el caso de Libia, Siria, Yemen y Bahrein", consideró Al-Mahdi.
Para Antoine Basbous, del Observatorio de los Países Arabes (OPA) en París, la diversidad prevalece. A pesar de los lemas a menudo idénticos y las esperanzas compartidas, "no hay dos movimientos que se parezcan".
Túnez, país pionero de la "primavera árabe" que fijó para el 23 de octubre las primeras elecciones desde la partida de Zine al-Abidine Ben Ali, parece estar bien encaminado en una transición, a diferencia de Egipto, donde "hay ciertas dificultades", apuntó Basbous.
En Egipto, donde muchos temen que los islamistas salgan fortalecidos tras la partida de Hosni Mubarak, el ejército en el poder parece querer sólo "un cambio de fachada".


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