Un ex funcionario del Gobierno, que presume de ser quien más conoce a la Presidenta , repitió hasta hace un mes que ella desistiría de competir el 23 de octubre. Un amigo de ese augur, empresario que con la muerte de Néstor Kirchner perdió el afecto de la Casa Rosada, hizo el mismo pronóstico en Nueva York, hace cinco semanas. Esas versiones, que siguieron ayer, permitieron que algunos inversores ganaran alguna moneda en la Bolsa de Buenos Aires.
Si Cristina Kirchner les diera la razón, estaría ignorando por completo cuestiones que la política no permite desafiar. Conviene examinarlas, no para ingresar en un ejercicio de adivinación, sino para detectar mejor las posibilidades y, sobre todo, los límites del kirchnerismo.
El factor más poderoso que obliga a la señora de Kirchner a buscar otro mandato es el menos visible: ella debe corregir el fracaso protagonizado por su esposo hace dos años. El oficialismo ha tenido una habilidad admirable para, con un par de argumentos a favor, conseguir que una parte de la opinión pública olvide que el último resultado que arrojaron sus chequeos ha sido la derrota.
La teoría canónica en Olivos es que ese infortunio no ocurrió. O, para ser más exactos, que fue el resultado de un malentendido maquinado por la prensa. La posibilidad de una victoria en los próximos comicios tiene como objetivo demostrar esa tesis. Esa es la razón por la cual, si ese evento se produce, será presentado como un triunfo sobre los medios.


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