viernes, enero 11, 2008

Rice manda callar a Bush

Residencia del primer ministro de Israel. Jerusalén. Los principales ministros del Gobierno de Ehud Olmert se dan cita para una cena íntima con el invitado de honor, el presidente de Estados Unidos, George W. Bush. Antes de abordar la ensalada de atún, una sopa calentita para luchar contra el insoportable frío, chuletas de cabrito y un buen vino, las sonrisas y abrazos son la nota predominante del entrante. Y besos como los que Bush le dio- dos intensos en la mejilla- a la ministra de Asuntos Exteriores, Tzipi Livni. Los analistas locales han preferido estos días comentar la 'caliente' relación entre ambos y no las frías expectativas de su plan de paz. Por ejemplo, en el primer día de visita, tras la recepción en la sede de la Presidencia, Bush tenia que ir a la Oficina del primer ministro. Tras despedirse del presidente Simon Peres (tan veterano que aquí bromean que su primera reunión con un presidente norteamericano fue con Franklin D. Roosevelt), Bush vio a Livni y le espetó: "Tengo entendido que tú también vas a lo de Olmert, ¿por qué no vienes en mi coche?". La sorprendida Livni no tuvo más remedio que responder afirmativamente y subirse a la limusina blindada de Bush, en una comitiva de decenas de coches y agentes.
En la cena del jueves por la noche, Bush- que en esta visita se dejó en casa a su mujer Laura- vio a Livni que como saludo le extendió la mano. Pero el tejano tenía otros planes y se fue directamente a la mejilla. Dos besos más. Ante las cámaras y los ojos del resto de asistentes.






En el Gobierno israelí casi nace una nueva crisis. Pero no por el desmantelamiento (siempre prometido y nunca cumplido) de los enclaves ilegales en Cisjordania. Ni tan solo por las negociaciones con los palestinos sobre Jerusalén o las fronteras definitivas. La lucha interna tenía otro motivo: ocupar una de los escasos asientos en la íntima cena del jueves por la noche con Bush. Finalmente Olmert-viejo zorro de la política- invitó a todos los hombres clave del Gobierno que garantizan su continuidad. Pese a celebrarse en la casa de Olmert, los norteamericanos prohibieron la presencia en la cena de su mujer Alisa. El motivo protocolario, la ausencia de la primera dama de Estados Unidos. "No han cedido ni un milímetro y Alisa se ha tenido que conformar con saludar antes de la cena y luego irse a su cuarto. Como si estuviera castigada", dice un amigo de la Olmert.
Quien sí estuvo en la cena fue la número dos de Bush en este viaje, Condoleezza Rice, que demostró su lado más humano pero también rotundo. Cuando Bush comentaba ante sus anfitriones la complejidad de la política israelí ("es como kárate, cuando crees que has salvado el primer golpe , te llega otro inesperado. Sobrevivir es casi imposible"), Rice empezó hacer gestos de desaprobación. Y aun más cuando interviniendo claramente en la política interna israelí, Bush les espetó: "No me quiero inmiscuir en vuestras cosas pero debo decir que Olmert es un líder fuerte que aprecio mucho. Debéis de garantizar que siga en el poder para que el proceso de paz siga adelante. Protegerle". Al cabo de varios segundos, le envía discretamente una nota. Todos los ministros se dan cuenta. Se hace el silencio esperando ver la reacción de Bush y sobre todo saber qué ha escrito Rice. Bush lee parsimoniosamente la nota (y eso que no estaba en hebreo), sonríe y dice en voz alta: "Ella me dice que me calle. Que cierre la boca". La reacción fue una carcajada general de todos los asistentes. Menos Rice.

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