La reciente visita de los presidentes Lula y Chávez a Buenos Aires ha resultado una tomografía computada del estado de nuestro Mercosur. Ella nos mostró las enormes posibilidades que se abren cuando el socio mayoritario de la coalición se pone en actitud y disposición de asumir la responsabilidad que conlleva esa condición y, al mismo tiempo, el desbarajuste de improvisación y falta de estrategia que existe en el conjunto, agravado cada vez que aparece en el escenario el infatigable presidente venezolano, con su inquietud permanente y sus extravagantes propuestas.
En esta ocasión, la visita bilateral del presidente brasileño a la Argentina se mostró auspiciosa desde el primer momento. El ha manifestado su disposición a compartir las oportunidades de crecimiento con unos socios que, de ese modo, se sentirían más comprometidos en su espíritu de cooperación y resultarían un mejor mercado. Llegar a Buenos Aires, con tres centenares de empresarios brasileños no es cosa de todos los días, y reveló una voluntad muy necesitada de expresión, luego de los frecuentes entredichos comerciales.
El Mercosur, proceso de integración entre cuatro socios plenos, dos asociados (Chile y Bolivia) y uno en trámite (Venezuela), no excluye, naturalmente, las relaciones bilaterales entre los países. Hay cuestiones que hacen a la integración y otras que son específicamente bilaterales. Siempre se ha entendido así y nada había que decir de ese encuentro. Pero cuando aparece un tercero -en este caso Venezuela- ya no estamos en la bilateralidad y nos deslizamos por el tobogán de la exclusión: tres asociados (uno de ellos ni siquiera confirmado) se reúnen para discutir estrategias de integración y elaborar proyectos de conjunto, sin la presencia de los otros dos socios y los dos asociados. O sea que entramos en el desesperanzador camino de que hay quienes se arrogan el derecho de manejar las cosas e imaginar que el resto debe adherir automáticamente, sin que medie siquiera una adecuada información.
Siga leyendo el artículo del ex residente de Uruguay que trae el diario La Nación de Buenos Aires
En esta ocasión, la visita bilateral del presidente brasileño a la Argentina se mostró auspiciosa desde el primer momento. El ha manifestado su disposición a compartir las oportunidades de crecimiento con unos socios que, de ese modo, se sentirían más comprometidos en su espíritu de cooperación y resultarían un mejor mercado. Llegar a Buenos Aires, con tres centenares de empresarios brasileños no es cosa de todos los días, y reveló una voluntad muy necesitada de expresión, luego de los frecuentes entredichos comerciales.
El Mercosur, proceso de integración entre cuatro socios plenos, dos asociados (Chile y Bolivia) y uno en trámite (Venezuela), no excluye, naturalmente, las relaciones bilaterales entre los países. Hay cuestiones que hacen a la integración y otras que son específicamente bilaterales. Siempre se ha entendido así y nada había que decir de ese encuentro. Pero cuando aparece un tercero -en este caso Venezuela- ya no estamos en la bilateralidad y nos deslizamos por el tobogán de la exclusión: tres asociados (uno de ellos ni siquiera confirmado) se reúnen para discutir estrategias de integración y elaborar proyectos de conjunto, sin la presencia de los otros dos socios y los dos asociados. O sea que entramos en el desesperanzador camino de que hay quienes se arrogan el derecho de manejar las cosas e imaginar que el resto debe adherir automáticamente, sin que medie siquiera una adecuada información.
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