martes, julio 24, 2007

BRASIL: Postales surrealistas de la odisea que viven los pasajeros

"Y este avión, ¿tiene frenos?" En otro momento, el comentario habría sido un chiste relativamente gracioso. Pero ayer la broma fue suficiente para que el hombre en cuestión fuera retirado del avión junto con su esposa por la policía federal. Sí, los ánimos están caldeados. El pasajero acababa de abordar el avión de TAM con destino a Minas Gerais. Al darse cuenta de que sus auriculares no funcionaban, pidió que se los cambiaran e hizo la broma sobre los frenos. La azafata llamó al comandante y le pidió a la pareja que bajara del avión (todavía no había despegado, valga la aclaración, porque en este momento todo parece posible en los cielos brasileños). Como el pasajero se negó a bajar, llamaron a la policía federal para que los expulsara a la fuerza. El pasajero, en realidad, parece uno de los pocos que aún conservan algo de humor en momentos en que muchos están entre furiosos y aterrorizados a la hora de volar. Brasil es el país con mayor número de católicos del mundo, y ahora es posible verlo: nunca se rezaron tantos padrenuestros en los despegues y aterrizajes. Hasta que la crisis estalló, la súplica era apenas por un cambio en el menú. Pero el rezo era en vano; sin importar la distancia de los vuelos internos, el menú es siempre el mismo: una barra de cereal de plato principal y otra de postre o, en el mejor de los casos, un pebete. Los aeropuertos se han transformado en campamentos de "sin tierra". La gente se tira en los corredores como desposeída a la espera de vuelos que se atrasan horas. Como a veces la paciencia tem fim , ayer el aeropuerto tuvo que reforzar la guardia policial porque la gente está perdiendo los estribos y atender el mostrador de check in se transformó en una profesión de riesgo.
Algunos pasajeros gritan, otros lloran, otros agarran a los empleados por la solapa. Lo irónico es que el aeropuerto de Congonhas, donde ocurrió la tragedia hace una semana, se convirtió, en los hechos, en una virtual escala para la terminal de micros. Los pasajeros llegan y se convencen personalmente de que va a ser mejor tomarse un ómnibus antes que enfrentar la pesadilla de esperas, falta de información y miedo. Entonces, ahí mismo, en el aeropuerto en el que iban a tomar un avión, terminan tomando un colectivo hasta la terminal de ómnibus y siguen su ruta.

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